Akira: la consagración del anime como arte

Durante su gira en Japón, el presidente de Chile, Gabriel Boric, dijo estas palabras: “Es muy sorprendente cómo su cultura es tan importante. Cuando iba en el colegio, me crie viendo Capitán Tsubasa, siguiendo a Akira Toriyama con Dragon Ball, no podía perderme un capítulo de Caballeros del Zodíaco y jugaba con los antiguos disquetes, Pokémon Yellow. ¡Imagínense!”. Este comentario desató una ola de críticas, principalmente de sectores opositores, que calificaron sus dichos como “superficiales”, “ridículos” o incluso una “vergüenza nacional”. Estas reacciones solo reflejan la ignorancia de quienes no conocen ni valoran el arte ni la importancia económica que tiene el anime en Japón.

No es menor recordar que Goku, personaje principal de Dragon Ball, fue nombrado embajador cultural de los Juegos Olímpicos junto con otros íconos como Sailor Moon, Doraemon, Naruto y Astroboy. Estos personajes cuentan con millones de seguidores en todo el mundo. Incluso, en 2018, el primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, inauguró el museo de Dragon Ball disfrazado de Majin Buu, uno de los villanos de la serie.

Es decir, el anime no es solo “dibujos animados” o “monitos chinos”, como despectivamente se les suele llamar. Representa cultura y hoy es la principal conexión que tiene Japón con el resto del mundo. La pregunta es: ¿cuándo esta forma de arte conquistó al planeta? Para responder, debemos viajar al año 1988, cuando se estrenó en Japón una obra que cambiaría la historia para siempre: Akira.

Los años 80 y la primera llegada del anime a Chile

En Chile, durante los años 80, tuvimos la suerte de contar con programas como Pipiripao, transmitido en el entonces canal 5 de la Universidad Católica de Valparaíso. Fue nuestra primera gran aproximación al anime, con series como Centella, Grand Prix, Meteoro, Lady Oscar, Capitán Futuro, Mazinger Z y El Galáctico, por nombrar algunas.

Posteriormente Canal 13 adquirió los derechos de Robotech, quizá una de las series más recordadas por quienes siempre quisimos volar una Veritech junto a Rick Hunter o montar un Motociclón. Años más tarde, segmentos infantiles como El club de los Tigritos abrió el paso al estreno de “nuevos” anime y el resto es historia.

Horas de diversión frente a la televisión que, aunque parecieran programas para niños, muchas veces abordaban temáticas más profundas de lo que podíamos comprender a esa edad. Este punto es clave: la animación suele encasillarse como un género infantil, pero tanto el anime como la animación en general han explorado desde siempre temas adultos de una u otra forma.

Katsuhiro Otomo: el hombre detrás de Akira

Para entender Akira debemos conocer primero a su creador: el maestro Katsuhiro Otomo, mangaka nacido el 14 de abril de 1954. Desde joven sintió fascinación por las artes visuales, especialmente el cine. Solía viajar varias horas hasta el pueblo más cercano para asistir a funciones que luego influenciarían fuertemente su obra.

Katsuhiro Otomo en una réplica de la moto de Kaneda

Tras terminar el colegio se mudó a Tokio para probar suerte en el mundo del manga. Su talento no pasó desapercibido y pronto inició una prolífica carrera. A comienzos de los 80, su obra Domu recibió varios premios y destacó por su narración sombría y terrorífica. Sin embargo, en 1982 comenzaría su mayor creación: Akira, el manga. Tardó ocho años en completarlo. En 1986, aún sin terminar la serie, Otomo decidió llevarla al cine y dirigir él mismo la película. Esto fue inusual, ya que la mayoría de los animes se adaptan después de finalizada la obra escrita.

Actualmente el señor Otomo está dedicado principalmente a la producción, escritura y dirección de animación. Tiene a su haber cientos de premios y reconocimientos, siendo así uno de los mangakas más célebres de Japón.

El titánico proyecto

La popularidad del manga hizo posible la creación del Comité Akira, una alianza de siete grandes empresas —editoriales, estudios de animación y distribuidoras— que le otorgó a Otomo un presupuesto récord de 1.100 millones de yenes (unos 10 millones de dólares). Era la película de animación más cara de su época.

El resultado fue monumental: más de 160.000 dibujos realizados a mano, largas jornadas de trabajo y hasta protestas de los animadores. En el minuto 38 de la cinta se esconde incluso un mensaje secreto escrito por un dibujante que, harto de la sobrecarga, dejó un reclamo oculto en japonés: “DO SHITE conna to com adeka ka na kiyanan nai NO! Ikagen ni SEAY! MOU» que traducido al español es algo como ¿Por qué mierda tengo que dibujar esta parte? ¡Denme un descanso!”.

Además, se usaron 327 colores, de los cuales 50 fueron creados especialmente para la película. Esto explica por qué la ambientación, la fotografía y la estética de Akira resultan tan únicas. Otro detalle técnico clave fue que se animó directamente en formato cinematográfico 1.85:1, a 24 cuadros por segundo, logrando una fluidez nunca vista.

Detalles impresionantes de colores y arquitectura de la ciudad de Neo-Tokyo hechos a mano

La historia

La trama transcurre en Neo-Tokyo, año 2019, una ciudad futurista construida sobre las ruinas de la antigua Tokio, destruida tras un misterioso evento relacionado con niños con poderes psíquicos. El ambiente es opresivo: represión policial, corrupción, desigualdad y descontento juvenil.

En ese contexto conocemos a Kaneda, líder carismático de una pandilla de motociclistas, y a su mejor amigo Tetsuo, quien tras un accidente despierta poderes psíquicos incontrolables. El conflicto se centra en la lucha de Tetsuo contra un poder que lo consume: ¿podrá su amistad salvarlo?, ¿será la milicia capaz de detenerlo?, ¿podrá él mismo controlarlo?

Todo esto gira en torno a profundos dilemas morales que marcan todo el tono cyberpunk y distópico de la cinta. Las ansias de poder, control y manipulación. Una sociedad futurista decadente donde los jóvenes se sienten perdidos. Temáticas profundas que mezcladas con la narración, fotografía y dirección la hacen una obra cautivante. Además, hay que mencionar su magistral música compuesta por Shōji Yamashiro e interpretada por el colectivo experimental Geinoh Yamashirogumi, mezcla gagaku, teatro Noh, gamelán balinés, cantos budistas, percusión tribal y sintetizadores. El resultado es hipnótico, ritual y futurista, creando una atmósfera perfecta para la historia.

Además de detalles inusuales para la época, como cuando Tetsuo viaja fuera de la atmósfera y casi no se oye sonido producto del vacío del espacio. Un detalle realista que recién mucho después vimos en películas como Gravity (2013) o Interstellar (2014).

Para qué hablar de la famosa escena del Kaneda Slide, cuando frena su moto roja deslizándola en la carretera. Esta mítica escena ha sido homenajeada incontables veces: Las Tortugas Ninja, Hora de Aventura, Steven Universe, Star Wars: Clone Wars (serie animada), Nope (Jordan Peele) y Sonic 3, entre muchas más. Con una duración de dos horas y cuatro minutos, la experiencia es inolvidable. Incluso después de más de tres décadas, Akira sigue sorprendiendo. La reciente versión restaurada en 4K es prueba de su vigencia.

El impacto global

En Japón fue la película más taquillera del año. Recordemos que nos encontramos en una era predigital aún, por lo que las noticias tardaban un tiempo en recorrer el mundo. El ruido que Akira generó en Japón pronto llegaría a oídos norteamericanos, pero George Lucas y Steven Spielberg rechazaron distribuirla en EE. UU. por considerarla “difícil de vender”; a pesar de ello, a fines de 1988 comenzó a circular en cines independientes y ganó popularidad.

En Europa ocurrió lo mismo: se estrenó tardíamente en Inglaterra (1991) y España (1992). En Chile, tras el auge de los videoclubs en los 90, Akira se popularizó gracias al programa Maldita Sea (canal Rock & Pop) de “Pera” Cuadra y Juan Andrés Salfate. En 1997, Chilevisión la estrenó en horario prime, un hito para la televisión local. Nunca hasta entonces la televisión chilena había transmitido una película de animación japonesa.

Akira marcó un antes y un después en la animación japonesa. Derribó el prejuicio de que el anime era solo para niños y lo consagró como una forma de arte capaz de abordar temas maduros y complejos. Su legado inspiró a directores como Christopher Nolan, Jordan Peele, Rian Johnson y las hermanas Wachowski. Películas y series como Matrix, Inception, Chronicle y Stranger Things muestran claras referencias a su estética y narrativa.

En definitiva, Akira cambió la historia del anime y transformó para siempre nuestra manera de entender la animación como arte.

Deja un comentario

Biblioteca Rara es un espacio sin fines de lucro para leer y compartir ideas sobre literatura, música, cine y cultura pop en general. Buscamos crear contenido de calidad y que anime a todo quien nos siga a bucear en su propia biblioteca rara y sacar a la luz su amor por los libros, los sonidos y las imágenes.