Indiepop, una historia: crónica de una sensibilidad

(Por Catalina Pianola)

En el año 2005, leí una entrevista a Javiera Mena, donde hablaba de sus inicios en la música, cuando usaba el teléfono como un teclado musical al conectarlo al cable de internet. Contaba que pasaba horas inmersa, tocando cada botón como si fuese una tecla, para así proyectar las melodías brillantes y explosivas que albergaba su mente.

Aquella imagen me pegó fuerte. Retrataba algo que mi versión quinceañera no lograba asimilar del todo, pues se salía de los márgenes musical que había explorado hasta ese entonces: hacer música con lo que tengas, solo por tripas y corazón. Ese gesto es la sustancia del indiepop en su noble naturaleza, rescatada por Ricardo Martínez en Indiepop: una historia.

Un libro que más allá de ser un compendio de datos musicales en torno a la historia de un género musical de nicho, es también la construcción de un imaginario donde ser parte de este fandom va mucho más allá que solo disfrutar de su música. Me refiero a la existencia de aquella complicidad que evoca intimidades, sensibilidades y por, sobre todo, melancolías y nostalgias. 

El autor acuña el término twee para referir esta idea: “Twee no es otra cosa que la definición de una sensibilidad, pero una muy especial. La sensibilidad twee se encuentra íntimamente ligada a la propia infancia”. Aquella parte de nuestra existencia en que experimentamos la vida desde una vereda distinta. Poniendo atención a los detalles y las formas con que se moldea el mundo y su cotidiano. Una mirada externa, ajena a la rutina y más cercana al vivir mismo. Aromas, colores, sonidos.

Ricardo Martínez, autor de Indiepop: Una historia

Disfrutar del indie pop y en parte, entenderlo, tiene que ver con aquella evocación nostálgica, a través de melodías creadas con tal simpleza que guardan tanta ingenuidad como pureza: instrumentos de bajo costo, grabaciones caseras con ruido ambiente y risas entre medio.  Creaciones honestas que pulsan el corazón de aquello que añoramos. Ese mundo interior lleno de pequeños detalles que se concentran en el límite del sentir. “Las gotas de aceite en la sopa, observar la luz de una ampolleta huacha, el viento en la plaza, el escrito de un corazón en un árbol». Ese filtro con que los indiepoper perciben la vida desde la singularidad.

Indie pop: una historia hace un recorrido por los orígenes del género, su impacto y margen dentro de la escena musical, en una narrativa sencilla, que se va entrecruzando con las vivencias del autor en relación con el indiepop y su historia.

Partiendo desde sus orígenes en la tienda Rough Trade al oeste de Londres, pasando por las influencias del sonido postpunk y new wave, que dieron vida a las composiciones melódicas propias del género, junto con los sellos musicales que fueron fundamentales para su desarrollo, como es el caso de Elefant Records, 53rd & 3rd y el icónico Sarah Records. Asimismo, toman un lugar significativo las bandas ícono, como The Pastels, The Wedding Present, Belle and Sebastian, Camera Obscura, por nombrar solo algunas. Y sus subgéneros, en el caso de Niza con el Donosti Sound, La Casa Azul con el tontipop o el chamber pop inglés de Pocketbooks, entre otras que han sabido destacarse dentro de la escena nacional, como Les Ondes Martenot y la movida del año 2000 con Javiera Mena, Gepe y Dënver.

Más allá de ser un libro informativo, nos encontramos con el gusto genuino del autor frente al género. Pienso como metáfora que este libro es el pendrive donde Ricardo alojaba todas aquellas canciones que iba descubriendo, las bandas tan desconocidas como canónicas dentro del under, sus influencias, el mapeo de subgéneros, los demos completos y los singles. Un pendrive de 128mb, de esos que teníamos a principios del 2000, donde había que elegir sabiamente las diez canciones que queríamos escuchar en el viaje en micro de vuelta a la casa, mirando nostálgicamente por la ventana mientras musicalizábamos nuestro propio video clip. Me refiero a esta metáfora como aquello que al descubrir protegemos inmediatamente. Ese pequeño tesoro de nuestra infancia que guardábamos sigilosamente en una cajita, esperando mostrárselo a alguien que llegara a entender la magnitud de su importancia dentro de nuestra vida. Tesoros ocultos, esperando la oportunidad de ser vistos con admiración.

Así retrata Ricardo al indiepop. Es tal la honestidad de este estilo, que ni ellos se clasifican en un estilo en particular. Estas bandas no se reconocen como tales, pues ciertamente, ponerse una etiqueta es algo que está fuera de los paradigmas de esta «alternatividad». “Una tendencia de música tan alternativa que un periodista de The Guardian llegó a decir que eran bandas tan desconocidas que ni siquiera se conocían a sí mismas”, relata el autor. De esta manera, su masificación es el boca a boca, más allá de el mainstream o las listas de popularidad. De hecho, desde sus inicios y en parte, hasta la actualidad, son los portales de internet el medio más representativo para su difusión.

Letras profundas e inspiradoras, brillantes en la forma en que nos muestran el vivir cotidiano, visibilizando a través de estas melodías, sus influencias y los elementos estilísticos que construyen un imaginario de un pop alejado del glamour y la industria.

Decía Frank Zappa: “La cultura oficial viene a tu encuentro, pero al underground tienes que ir tú”. En esta frase se concentra, a mi parecer, el propósito de esta obra: encaminarnos hacia aquellos lugares poco transitados de una escena musical que se caracteriza por habitar desde los márgenes.

Catalina Pianola (a.k.a. Catalina González) es profesora e investigadora en Literatura.

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