Christopher Tucker: el genio oculto del maquillaje protésico

(Por Mister Moon)

Desde los inicios del cine, el maquillaje ha jugado un rol fundamental a la hora de transmitir mensajes dentro de una película. Sin embargo, durante mucho tiempo su importancia estuvo excluida de la Academia. Si bien se reconocía de manera indirecta en categorías como Mejor Diseño de Vestuario o Mejor Dirección de Arte (hoy llamada Diseño de Producción), ya que se entendía como parte de la apariencia visual del film, no fue hasta comienzos de los años 80 cuando el trabajo de Christopher Tucker fue tan alabado que la Academia se vio obligada a crear la categoría Mejor Maquillaje. Pero ¿quién era Christopher Tucker y cuál fue el trabajo que dio origen a esta nueva categoría?

Christopher nació en Hertford, Inglaterra, en 1941. Estudió en distintos establecimientos, pero finalmente se formó como cantante de ópera en la Guildhall School of Music and Drama en Londres. Durante sus presentaciones en teatros londinenses, comenzó a interesarse por el maquillaje y el vestuario de sus personajes. Al interpretar Rigoletto de Verdi, sintió que necesitaba una nariz más grande y decidió fabricarla él mismo. De este modo inició su camino en el maquillaje protésico. Pronto demostró un gran talento para envejecer a sus personajes mediante el maquillaje, habilidad que no tardó en ser reconocida. A comienzos de los años 70 empezó a trabajar en el departamento de maquillaje de varias producciones cinematográficas, dejando atrás la ópera para dedicarse por completo a esta nueva disciplina.

Su primer trabajo en cine fue en Julio César (1970), seguido por la creación de la máscara que usó David Niven en Old Drácula (1974). En 1978 colaboró con Gregory Peck en The Boys from Brazil y también participó en el diseño de criaturas para Star Wars (1977), como parte del equipo de maquillaje y efectos especiales.

David Niven en Old Dracula

Pero su vida estaba a punto de dar un giro que también cambiaría la historia del cine para siempre. En 1979, un joven director llamado David Lynch fue contratado por Mel Brooks para dirigir la biopic The Elephant Man, que narraba la vida de Joseph Merrick —renombrado en la película como John Merrick—, un hombre del siglo XIX con severas malformaciones que despertó la curiosidad científica y la explotación pública.

Lynch, que ya había experimentado con maquillaje casero en su ópera prima Eraserhead (1977), intentó realizar el diseño protésico del hombre elefante por sí mismo, pero pronto reconoció que esta vez necesitaba a un especialista. Así fue como Christopher Tucker se convirtió en el encargado de dar vida nuevamente a Merrick. El director quería que el resultado fuera realista y humano, sin caer en lo monstruoso ni en lo grotesco, pues la intención era despertar empatía hacia el personaje. Para lograrlo, Tucker estudió exhaustivamente los archivos médicos, fotografías e incluso los moldes de yeso originales conservados en el Hospital de Londres. Con esa base, diseñó un maquillaje que replicaba la anatomía real de Merrick y no una simple caricatura.

El resultado fue un complejo sistema de 15 piezas protésicas que se aplicaban diariamente al rostro y cuerpo de John Hurt. Estas incluían deformaciones craneales, protuberancias faciales y alteraciones en el torso y extremidades. El proceso tomaba entre 7 y 8 horas de aplicación cada día. John Hurt comentó que el proceso era tan agotador que a veces pedía ser maquillado solo en la parte del cuerpo que aparecía en cámara. Aun así, reconocía que la transformación lo ayudaba a entrar psicológicamente en el personaje, permitiéndole sentir, en parte, lo que Merrick vivió.

Lynch insistía en que el maquillaje no debía ser un truco de efectos especiales, sino parte orgánica de la narrativa. Y lo logró: gran parte del impacto emocional de la película provino de la forma en que su cámara retrató a Merrick con dignidad, en contraste con la brutalidad del mundo que lo rodeaba.

The Elephant Man fue un éxito rotundo y obtuvo ocho nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guion Adaptado. Sin embargo, tanto la prensa como la crítica reclamaron por la ausencia de un premio para Tucker. El clamor fue tan fuerte que la Academia se vio obligada a crear, al año siguiente, la nueva categoría de Mejor Maquillaje. Paradójicamente, Tucker nunca recibió la estatuilla. El primer Oscar en la categoría fue entregado a Rick Baker por An American Werewolf in London (1981).

Tras The Elephant Man, Tucker continuó su carrera, pero fue cada vez más selectivo con sus proyectos. Solo aceptaba trabajos altamente demandantes que desafiaran su perfeccionismo. Entre sus creaciones memorables destacan el grotesco Mr. Creosote en Monty Python’s The Meaning of Life (1983), formó parte del equipo de maquillaje en Dune (1984), las transformaciones de The Company of Wolves (1984), el diseño protésico de Cyrano de Bergerac (1985) y, en teatro, el emblemático maquillaje de El Fantasma de la Ópera, que se convirtió en un referente del espectáculo musical.

Su último trabajo antes de retirarse es un hermoso flashback a sus inicios. En la película Black (2005), dirigida por Sanjay Leela Bhansali, Christopher Tucker se encargó del maquillaje de envejecimiento de Amitabh Bachchan, quien interpreta a un maestro que acompaña durante décadas a la protagonista ciega y sorda. Su trabajo consistió en diseñar y aplicar un maquillaje que mostrara el paso del tiempo de manera natural y progresiva, evitando artificios evidentes. El reto era transmitir la vejez del personaje con realismo y sutileza, sin que el maquillaje distrajera de la interpretación. Este proyecto demostró otra faceta de Tucker: más allá de lo espectacular de The Elephant Man o The Company of Wolves, también dominaba la transformación discreta y verosímil, capaz de sostener la credibilidad dramática de una historia profundamente emocional.

Christopher Tucker falleció el 14 de diciembre de 2022, a los 81 años. Su legado permanece imborrable en la historia del cine. Y aunque desde los años 30 existieron maquilladores legendarios como Max Factor, Jack Pierce o Bud Westmore, ninguno había recibido un reconocimiento de la Academia. Hoy, gracias al talento y la dedicación de Tucker, existe la categoría de Mejor Maquillaje y Peluquería (renombrada así en 1993), una de las más valoradas entre los premios técnicos, esencial en películas que requieren transformaciones extremas o reconstrucciones históricas.

Una respuesta a “Christopher Tucker: el genio oculto del maquillaje protésico”

  1. Avatar de Lin Olivares
    Lin Olivares

    Excelente descripción de este artista quizá poco conocido y su trabajo tan importante para el cine.

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