Diario de una princesa montonera de Mariana Eva Pérez: El humor como arma de denuncia

(Por Emilio Vilches Pino)

Diario de una princesa montonera (con el subtítulo 110% verdad), es un libro que mezcla la literatura testimonial con la narrativa ficcional desde la compleja posición de la autora-narradora Mariana Eva Pérez, hija de detenidos desaparecidos argentinos. Su lenguaje es directo y claro, muy al estilo del formato blog, donde se originó el “personaje” de la princesa montonera. Incorpora el humor negro y el lenguaje paródico como elementos fundamentales para exponer sucesos terribles como lo son la tortura, el crimen y la desaparición de seres humanos por la dictadura militar argentina.

El título del libro ya es una declaración. El “diario” alude a la concepción original de blog que tuvo el texto, donde Pérez publicaba entradas breves acerca de su relación con la agrupación de hijos de desaparecidos y en otras situaciones relacionadas. La princesa montonera es una especie de personaje que la autora-narradora crea para designarse a sí misma en un claro sentido paródico. Los montoneros, grupo armado que luchó contra la dictadura argentina, es un tema polémico en sí mismo, y autodenominarse princesa de ese grupo juega humorísticamente con darle cierto glamour a una organización que claramente no apuntaba en esa dirección; aunque también se puede relacionar a su rol de lucha pero no desde las armas, sino desde las letras. El subtítulo 110% verdad también tiene cierto sentido humorístico, pues anuncia que todo lo que diga en el libro es verdad, pero que además hay un “extra”. Esto se pone en tensión desde la primera página del libro, cuando señala: “En Almagro es verano y hay mosquitos -y si esto fuera un testimonio también habría cucarachas, pero es ficción” (Pérez 9).

Un tema interesante es precisamente la medida y la forma en que la ficción entra en juego. Primero, vale tener presente que la historia familiar de la autora-narradora es real. Ella fue secuestrada junto a sus padres cuando era niña y su madre se encontraba embarazada. A ella la devolvieron, a su hermano no. A sus padres los desaparecieron. Fue criada por una tía abuela que en el libro aparece con el nombre Argentina. Al crecer con el trauma, Mariana Eva Pérez se acercó de forma activa “al temita”, como llama a la dictadura y a ser hija de desaparecidos, y participó en agrupaciones de reivindicación, de justicia y de defensa de la memoria en Argentina. También hizo obras de teatro donde incluyó también su visión e interés en el tema. Por otro lado, hay hechos que incorpora y que claramente son ficcionales, como la “aparición” final de sus padres. También hay entradas o episodios que sueña o que imagina, algunas de ellos hilarantes, como cuando utiliza sus palillos de tejer como arma. Además, existe una propuesta artística desde la selección de los temas que incorpora en el libro -algunos de ellos muy distantes de la trama central- y la forma de escribirlos, es decir, como entradas de blog. Incluso hay conceptos que inventa o deforma, creando una especie de jerga que internalizaremos a medidas que vayamos entrando en el mundo de esta “princesa”. Es importante también el formato en que suelen entrar los diálogos a la narración, pues lo hace en el formato en que se escriben las obras dramáticas, con el nombre del personaje seguido por dos puntos, con acotaciones entre paréntesis. El teatro viene así a sumarse a esta mezcla que también tiene al testimonio, a la narrativa y al formato de entradas de blog. 

Otro aspecto interesante es cómo la autora-narradora juega (a la vez que denuncia) el carácter de espectáculo que “el temita” puede llegar a adquirir, como cuando anuncia “Mandá TEMITA al 2020 y participa del fabuloso sorteo ‘UNA SEMANA CON LA PRINCESA MONTONERA’. Ganá y acompañala durante siete días en el programa que cambió el verano: ¡El show del Temita! El reality de todos y todas. Humor, compromiso y sensualidad de la mano de nuestra anfitriona, que no se priva de nada a la hora de luchar por la Memoria, la Verdat y la Justicia” (Pérez 39). Este tono abiertamente paródico lo emplea como una forma de decir: está bien, hablemos de esto, pero no de la forma en que ustedes quieren; lo haremos a mi modo. La autora-narradora de esta forma se une a una generación de posmemoria en Argentina, que ha resignificado los hechos traumáticos del pasado, adoptando nuevas formas y nuevos tonos en su denuncia y en su forma de reinterpretar el archivo, tal como señala Patrizia Violi en Los engaños de la posmemoria:

La posmemoria de la generación de hijos e hijas no se ha limitado a las prácticas políticas, sino que ha dado lugar a una producción cultural extremadamente prolífica de textos, películas, espectáculos teatrales, performances. En muchos de estos textos (…) el régimen dominante es el de la ironía, la sátira, la paradoja. Esta última me parece ser una característica fundamental, particularmente significativa de la operación de distancia enunciativa y transformación pasional y semántica del trauma, operada por la generación de la posmemoria. En todos estos casos, el trabajo de la memoria resulta evidente: no se trata de una transmisión pasiva de la memoria trágica de los padres y de las madres, sino de una reinvención colectiva, en las prácticas y en los textos; de una reescritura original y creativa de la experiencia de la primera generación, filtrada por formas discursivas completamente nuevas y originales (Violi).

El asunto de la memoria es muy interesante, porque el libro no solo es un ejercicio de (pos)memoria, sino que también nos pregunta a los lectores cómo hacemos memoria. Nos recuerda a quienes tenemos padres y familias que existen otros que no los tienen porque el Estado así lo quiso. ¿Desde dónde vamos a situarnos? ¿Cómo podemos aportar a la permanencia e instauración de esa memoria en nuestra sociedad actual? El ejercicio de hacer memoria en base a cuerpos que no están, a desaparecidos, es de cierta forma un ejercicio espectral. Los desaparecidos son fantasmas. Ciclos que no cerraron, muertos que no tuvieron ritos ni sepultura. ¿Podemos seguir adelante como país con una herida abierta como esta? Y lo más interesante es que la autora-narradora no lo hace desde una posición victimizada, más bien lo contrario: el humor le permite salir de la victimización y ponernos frente al tema del trauma y la necesidad de la memoria sin clichés ni discursos panfletarios que, a fuerza de repetición, pueden haber ido perdiendo fuerzas como discursos de denuncia. El humor, de esta forma, no actúa solo como una decisión autorial o de posición personal frente al tema, sino que se vuelve una poderosa forma de denuncia.

En fin, Diario de una princesa montonera es un texto híbrido, que mezcla géneros y formatos de forma fluida y directa. El lenguaje corresponde a un estilo bastante personal e íntimo, mezcla de confesión y de parodia, que lo hace un texto incómodo, pero al mismo tiempo crítico y, por supuesto, muy divertido.

Referencias

Pérez, Mariana Eva (2012). Diario de una princesa montonera. Capital Intelectual. Buenos Aires.

Violi, Patrizia. (2020). Los engaños de la posmemoria. Tópicos del Seminario, (44), 12-28. Epub 05 de febrero de 2021. Recuperado en 14 de mayo de 2023, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-12002020000200012&lng=es&tlng=es.  

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