«I Fought the Law»: la historia de un himno rebelde

Por Emilio Vilches Pino

A mediados de 1965 aparece en formato single “I Fought the Law” de Bobby Fuller Four[1]. Una canción que, como dijo Scott Schinder para la web Please Kill Me: “Más de medio siglo después de su primera irrupción en las ondas, ‘I Fought the Law’ sigue siendo una de las declaraciones de rebeldía más perdurables del rock and roll”.

Tras la muerte de Buddy Holly en 1959 en un accidente de avión, The Crickets, su banda, siguió tocando y componiendo. El guitarrista del grupo, Sonny Curtis, escribió “I Fought the Law” en 1958 y la publicaron en In Style With the Crickets, el primer álbum tras la muerte del frontman, en 1960. Pero la canción pasó sin pena ni gloria hasta que fue retomada por la banda de Bobby Fuller en 1965, cuando se transformó en un hit a nivel nacional (llegó a estar número 9 on the Billboard Hot 100).

“I Fought the Law” habla de un hombre que necesitaba dinero con urgencia, así que sale a robar con una “zip gun”, algo así como una «pistola hechiza», aunque en la versión de Fuller cambia “zip gun” por “six-gun”, una pistola de seis. (En el momento en que menciona la pistola, el sonido se detiene y la caja de la batería da varios golpes imitando el sonido de las balas, ¡bang! ¡bang!; una genialidad). Su breve reinado de anarquía termina cuando “la ley gana” y le dan un castigo despiadado: termina “picando piedras con tristeza bajo el sol abrasador”. Para colmo, perdió a su novia en el camino.

¿Por qué en 1960 nadie le prestó atención y en 1965 llegó al top ten de Billboard? Puede haber muchas razones, pero una es evidente: la época. En 1960, el rock and roll original estaba en retirada, y una canción sobre un forajido que se arma su propia pistola para enfrentarse a la ley y robar dinero no era precisamente comercial ni recomendable. Cinco años después, la violencia empezaba a sentirse en el aire, y esta canción tenía ese aire a Bonnie and Clyde que los jóvenes estaban empezando a idealizar (dos años más tarde, la película con Faye Dunaway y Warren Beatty explotó en taquilla).

Bill Holdship, que más tarde sería periodista musical y editor de Creem, tenía apenas nueve años cuando escuchó por primera vez la versión de Bobby Fuller. En una entrevista para Please Kill Me dijo: “Cuando crecí, me di cuenta de que la canción probablemente era la gran culminación de todos esos rockeros rebeldes de los 50 que se unían en un mismo lugar, pero en ese momento, simplemente sabía que la canción sonaba dura… ‘Robando gente con un ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!-six-gun’. Eso sonaba aterrador para un niño de nueve años… No se parecía a nada que hubiera escuchado antes”. Lo que dice Holdship es destacable porque, en efecto, el triunfo sesentero, en plena invasión británica, de la canción, fue una marca de presencia de los íconos del rock and roll cincuentero. Esa rebeldía primigenia del rock and roll que había resistido como residuo, volvía a tomar forma a mediados de los sesenta.  

Lo residual no queda fijo en el tiempo, oleado y sacramentado, sino que muta, se adapta, permite y propicia la relectura de una obra en un nuevo contexto, pero no desde el simple homenaje, sino como fuente de la cual echar mano. El espíritu rebelde los 50 no es para esta generación una especie de estatua fija en un tiempo y contexto determinado, sino que está vivo y se puede resignificar. En esta sintonía Joe Ely, nativo de Lubbock y futuro ícono del rock and roll tejano, dijo en Please Kill Me: “Alguien que está en la cárcel puede escuchar ‘I Fought the Law’ y sentir mucho dolor. Alguien que está prófugo puede escucharla y sentir cierta libertad”. Ely señala algo esencial: las canciones, cuando son verdaderas, cuando están atravesadas por un espíritu honesto y rebelde, no se limitan a narrar un hecho; lo condensan, lo actualizan y lo hacen propio para cada oyente en tal o cual época, algo que se hace más evidente que nunca con lo que ocurriría después con “I Fought the Law”…

En julio de 1966, poco después de salido el LP I Fought the Law, el cantante Bobby Fuller murió (su cadáver fue encontrado dentro del automóvil de su madre afuera de su departamento, con varias heridas en el cuerpo y cubierto de gasolina: nunca se supo qué pasó ni por qué). La canción, a los meses, volvió a desaparecer en medio de la vorágine del pop estadounidense y la british invation. Hasta que…

“En el Automat de San Francisco, cuando trabajábamos en Give ‘Em Enough Rope, tenían una gramola fantástica con ‘Sitting on the Dock of the Bay’, ‘I Fought the Law’ de Bobby Fuller Four y demás. Joe [Strummer] y yo nos lo pasamos genial escuchándola; nos causó una gran impresión”, escribió en las notas del álbum de Clash on Broadway el guitarrista Mick Jones. Y tanto les gustó que, de vuelta a Inglaterra, empezaron a tocarla en directo y finalmente grabarla para el EP Cost Of Living, de mayo de 1979, en el que apuntaban su acercamiento a los sonidos estadounidenses que plasmarían en London Calling unos meses después.

“La versión de The Clash, según Schinder, “le dio a la melodía una actualización áspera que conectó con una nueva generación de oyentes” y “no es sorprendente que, tratándose de una canción que presagiaba la postura desafiante del punk rock, ‘I Fought the Law’ se haya convertido en un referente del punk”.

Con su reinterpretación de 1979, The Clash devuelve a la canción su electricidad primitiva, su peligro, su capacidad de incomodar. La canción viaja, entonces, desde Texas de los años 50 al Londres de fines de los 70, de la mitología del forajido norteamericano al desencanto urbano del punk británico; en esa traducción cultural, el tema se emancipa de su tiempo y demuestra lo que Joe Ely intuía.

Pero la versión de The Clash no sería la última versión punk de la canción, más bien sería solo la primera de una larga cadena, que llegaría incluso a bandas cercanas al mainstream como Social Distortion, Green Day, Attaque 77, entre muchos otros.

Pero si hay una versión que toma todo el espíritu de la original y lo eleva al cuadrado en niveles de desafío y corrosividad, es la de Dead Kennedys. El cantante Jello Biafra reescribió la letra desde la perspectiva sarcástica de un policía que se sale con la suya: “I fought the law and I won”, un giro total sobre el original “I fought the law and the law won”. La canción hace referencia al asesinato en 1978 del alcalde de San Francisco, George Moscone, y su ayudante Harvey Milk. En la parte silenciosa intermedia, donde la caja simula los disparos, la letra dice: “Les volé la cabeza a George y a Harvey con mi revólver”, dando un nuevo y macabro sentido a cada golpe de batería.

El asesinato de Moscone y Milk fue a manos del expolicía racista, católico y conservador Dan White (“Soy el nuevo héroe popular del Ku Klux Klan” dice Biafra en un verso). Tras matarlos a ambos por motivos tanto políticos como homofóbicos[2], White fue juzgado y condenado solo por homicidio involuntario (no asesinato premeditado), gracias a la llamada “defensa del Twinkie”, donde su abogado argumentó que su consumo excesivo de comida chatarra y depresión afectaron su juicio.

Hacia el final de la canción, la crítica de los Dead Kennedys se vuelve imposible de ser más directa e incendiaria:

Puedes salirte con la tuya después de un asesinato
si llevas una placa.
Luché contra la ley y gané,
luché contra la ley y gané,
luché contra la ley y gané,
YO SOY la ley, así que gané.

Pero las relecturas de “I Fought the Law” no terminan aquí.  

En 2004, el artista británico Banksy “publicó” su célebre serigrafía I Fought the Law. En la imagen, alude a la escena del fallido atentado contra el presidente Ronald Reagan, perpetrado por John Hinckley Jr. el 30 de marzo de 1981, cuando “Bonzo” salía del hotel Washington Hilton. Hinckley disparó seis veces con su revólver antes de ser reducido por el Servicio Secreto. Banksy recrea ese momento, pero lo transforma: el detenido no es un asesino, sino un artista callejero, y en lugar de una pistola empuña un pincel. En el muro detrás de él puede leerse “I Fought the Law and I wo…”, una frase interrumpida que sugiere tanto el triunfo del grafitero —su obra realizada pese a la represión policial— como su derrota inminente, detenido antes de escribir la palabra completa won (“gané”). ¿Ha vencido el artista o la autoridad que lo reprime? He ahí la genialidad de la obra.

En esa imagen, Banksy condensa más de medio siglo de cultura rebelde: el espíritu del rock and roll de los años cincuenta, con su héroe forajido enfrentado a la ley; los sesenta, cuando «I Fought the Law» se convirtió en himno; la apropiación de The Clash, que trasladó la canción a las calles de Londres —la misma ciudad donde Banksy trabaja—; y la corrosiva relectura de los Dead Kennedys, que invirtieron la frase original en “I fought the law and I won”, llevando consigo de paso el asesinato de Harvey Milk y el atentado fallido sobre Ronald Reagan. Pasado y presente, crimen y arte, represión y rebeldía, todo girando en torno a una canción que explotó en 1965.


[1] En 1966 sería relanzada en un LP titulado de forma homónima.

[2] Harvey Milk, uno de los primeros políticos abiertamente homosexuales en ser elegidos en Estados Unidos. La película Milk (2008) dirigida por Gus Van Sant y protagonizada por Sean Penn, cuenta su historia.

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