(Por Catalina González)
Pepi se encuentra recostada en el sillón de su departamento. Con una actitud relajada, pega láminas en su álbum de Superman II, donde un fornido Cristopher Reeve se roba la portada. A su alrededor, sobres de cromos abiertos, revistas de cómics, repisas con figuritas, la mujer maravilla en tamaño real pintada sobre la pared principal y abundantes macetas de marihuana decorando el balcón. De fondo suena fuerte Do the Swim de Little Nell, la misma cantante y actriz que protagonizó a Columbia en The Rocky Horror Picture Show. Pepi recibe una visita inesperada de su vecino policía, quien descubre sus plantas de marihuana mientras la espiaba con binoculares. Pepi intenta disuadirlo ofreciéndole sexo anal, pero este sucumbe sobre ella violándola y de paso, quedándose con su virginidad, la que Pepi había estado conservando con tanto anhelo para venderla al mejor postor. Un homenaje a las scream queens culmina con un primer plano del grito desgarrador y rostro horrorizado de la protagonista, junto a la viñeta: “Pepi está sedienta de venganza” escrita con la tipografía y colores propios de una tira cómica de los años setenta.
Así comienzan los primeros diez minutos de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980). El primer largometraje de Pedro Almodóvar, grabado originalmente en 16mm. De un estilo que mezcla punk e irreverencia, con un icónico reparto que instala a Carmen Maura como una de las primeras “chicas Almodóvar”, protagonizando más adelante Entre Tinieblas (1983), Qué he hecho yo para merecer esto (1984), Matador (1986) La ley del deseo (1987), y la aclamada Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) con la que gana un Goya a mejor actriz, junto con su reaparición en Volver (2006). Una adolescente Alaska, que en esa época iniciaba su carrera musical como vocalista de Alaska y los pegamoides, banda crucial para la movida madrileña, caracteriza a Bom, lesbiana excéntrica y sadista, aficionada al boxeo y vocalista de Bomitoni, su banda punk. Un juego de palabras entre Bom y Tony y vomitoni o un vómito grande. Eva Siva como Luci, una ama de casa sumisa, entusiasta del tejido a crochet y masoquista acérrima, quien después volvería a compartir elenco con Carmen Maura en Laberinto de pasiones (1982), Entre Tinieblas (1983) y Matador (1986). Y Félix Rotaeta como Juan, un policía abusivo y machista. Félix a la vez estuvo involucrado en la producción de la película, aportando junto a unos amigos los fondos principales para el rodaje.

En esta comedia negra se albergan los elementos característicos del universo Almodóvar en su estado más puro y genuino, que, en clave del cineasta, resultarían en su tosquedad y residualidad propias. Como si sus ideas aún no pasaran por un proceso de curaduría, y en esa especie de pulsión artística, radicara la belleza de su imperfección. El mismo director afirmó irónico que “cuando una película tiene solo uno o dos fallos, se la considera imperfecta, mientras que cuando hay una profusión de fallos técnicos, se la llama estilo”. Gran parte de este estilo precario y autogestionado al que refiere el cineasta nace de lo que fue la movida madrileña, un movimiento contracultural que emerge en la escena under de Madrid durante el posfranquismo y hasta los primeros años de la década del ‘80. Se caracterizó por su masificación a través de medios no oficiales, como diales de radios independientes, fanzines, revistas de música y tocatas. Excesos, drogas, arte bizarro, música punk, cultura pop y una actitud de rebeldía encausada en el propio goce de los afectos y los impulsos, construyen el imaginario de este movimiento en que el Almodóvar también se inscribió, mucho antes de los galardones y los festivales de cine. Su participación en la movidase relacionó a los shows artísticos, con el dúo musical Almodóvar y McNamara, donde junto a su amigo Fabio, en un tono de comedia oscura, replicaban el estilo del espectáculo cabaretero en su reversión pop. Su primer y único disco ¡Cómo está el servicio… de señoras! (1983) esuna oda a la performance travesti de la época. Al verse inmerso en el movimiento que reivindicaba la escena artística independiente citadina, la influencia de la movida en su producción audiovisual fue inevitable. El influjo de la cultura de masas en la escena under se vuelve una parodia significativa. La presencia que marca este espacio en la transformación de la cultura pop como símbolo de una alternatividad es el gesto que lo posiciona al margen de la industria. Esta fusión entre el under y la cultura de masas da paso a lo kitsch, concepto clave para entender la estética del universo Almodóvar. En lo kitsch confluye lo exagerado y de mal gusto. Se exalta lo popular, grotesco y sentimental. Al igual que en Pink Flamingos (1972) de John Waters, sin duda un referente para Almodóvar, esta apropiación consciente de lo kitsch se utiliza para explorar la condición humana de forma exagerada y emotiva, combinando melodrama, comedia y temas transgresores. Además, es explícito su acercamiento al cómic a través de la estética plasmada por sobre todo en la secuencia de apertura de la película con los títulos y en el desarrollo con los intertítulos. No es casual que estas ilustraciones fueran creadas por Ceespe, reconocido dibujante de cómic de la movida madrileña.
Desde este álgido escenario de márgenes nace el proyecto Pepi, Luci, Bom y otras chicas montón (1980), el que tuvo un proceso creativo de al menos dos años, debido al bajo presupuesto con el que contaban. En esos años, Almodóvar trabajaba en una agencia de telefonía, y en sus ratos libres, se dedicaba a rodar la película entre favores y trueques. Conocida es la anécdota de que Alaska comenzó a actuar en la película teniendo tan solo 16 años y terminó por concluir cuando ya era mayor de edad. Incluso, la mayor parte de las grabaciones son de noche, lo que la envuelve en un ambiente bohemio, pero el real motivo era que no contaban con los permisos adecuados para grabar en la calle, por lo que lo hacían en la madrugada para pasar desapercibidos.
El argumento base del filme se concentra en dos venganzas. La primera es de Pepi hacia el policía, por acabar con su plan de vender la virginidad. Aquella motivación que recae en lo burdo puede leerse también como un propósito que representa el derecho de Pepi a hacer lo que desee con su cuerpo. La reivindicación del poder de decisión en una época y sociedad mayormente católica y tradicionalista, donde la virginidad se conservaba hasta el matrimonio, no para el mejor postor. Algunos antecedentes históricos de la movida madrileña fueron la despenalización de la homosexualidad, la venta libre de pastillas anticonceptivas y una segunda vuelta al feminismo. En este sentido, existe un sentimiento de libertad respecto al cuerpo en sus diferentes expresiones, tanto de género, como sexuales y afectivas, encausado hacia los límites del poder y la transgresión de la norma. Es sabido que en las postdictaduras se desarrolla un pensamiento existencialista debido a la represión causada por la absoluta negación de la libertad. Junto a ello, la experiencia de la muerte, entendida desde todos los sentidos, tanto físicos como éticos, se vuelve extrañamente cercana. Lo absurdo juego con ello. Según Albert Camus, en lo absurdo la vida carece de un propósito inherente, lo que da lugar a una condición existencial conflictiva que se puede vivir aceptando la rebelión contra esta falta de sentido en lugar de sucumbir a ella. Evidenciar la irracionalidad como crítica social. Desde ahí, la tristeza y venganza de Pepi por haberle robado la virginidad, si bien resulta un propósito burdo y absurdo, es también un simbolismo de las nuevas estructuras sociales de la época.
La segunda venganza es del policía hacia Pepi y Bom, por empoderar a Luci, quien terminó dejándolo para vivir una relación sadomasoquista junto a Bom, además de convertirse en grupi de Bomitoni. Esta segunda venganza, tiene como eje que su esposa vuelva con él, y la forma de conseguirlo es dándole una paliza tan violenta que la deja hospitalizada. Ella tenía un deseo reprimido de ser la sumisa en una relación sadomasoquista. Bom cumplía en parte este deseo, al tratarla con desdén y humillaciones públicas, como tenerla atada al cuello con un collar de perro. Pero el policía logra que se reencante con la relación dándole una golpiza que la deja al borde de la muerte. Lo absurdo se hace presente. Que golpear a Luci se transforme en una prueba de amor, da cuenta de esta irracionalidad. Aquello horrorizó a gran parte del público de la época. La recepción crítica la catalogó como una alegoría al cine B. Pienso que es más bien un drama del absurdo, con personajes estereotipos marcados, característica propia de este género de comedia. El policía violento, la esposa sumisa, la adolescente rebelde y la mujer moderna. No existen más pretensiones que plasmar el pensamiento liberal que se gestaba en la movida a través de ironía e irreverencia.

Son icónicas ciertas escenas en que se representa la estética de la movida madrileña y su reflejo en lo absurdo. La lluvia dorada que Bom le lanza a Luci en la cara para que se refrescara. Alaska cuenta a Vanity Fair que el primer día de rodaje grabó la escena con la que debutó en la actuación, por lo que no aguantaba la vergüenza y el pudor que le provocaba aquella exposición, aunque la orina fuera en realidad cerveza saliendo de una pera de farmacia. Otro segmento crucial se da en la fiesta de Bomitoni, cuando juegan a las Erecciones Generales, un concurso de quién tiene el pene más grande, donde el ganador podía elegir a cualquier invitado de la fiesta para que le practicara sexo oral. La afortunada fue Luci, quien se convierte en la envidia de la noche. En esta escena aparece también el primer cameo de Almodóvar, actuando como animador del concurso, donde mide de forma exhaustiva y cómica el largo y ancho de cada participante. Estos cameos del director disfrazado de personajes excéntricos se convertirían en un sello importante en sus primeras producciones. Asimismo, la escena del concierto de Bomitoni, donde tocan su canción insigne Murciana Marrana, dedicada a Luci, y que versa: “Te quiero porque eres sucia/guarra puta y lisonjera/ la más obscena de Murcia/ y a mi disposición entera”.
Pero sin duda, es hacia el final de la película cuando esta alegoría a la movida madrileña termina por completar su ciclo. Pepi y Bom cruzando juntas por una pasarela de autos, con la carretera en perspectiva en último plano, simbolizando un final abierto y un futuro incierto para ambas. Pepi desilusionada por la mala racha y haber perdido su trabajo como creativa en una agencia publicista, donde para su postulación al puesto, desarrolló la icónica campaña de bragas “Ponte”. Unos calzones que cambiaban de color al orinarse, expelían un perfume al tirarse pedos y enrollados se endurecían sirviendo de consolador. Las escenas de estos anuncios se transformaron en un ícono de la irreverencia de esta película, además de contar con la actuación de Cecilia Roth. Volviendo al final, Pepi busca la manera de retomar su vida, y por otra parte, Bom, con el corazón roto por el abandono de Luci y frustrada porque se quedó sin banda: “No tengo grupo. Estos se han ido. El pop ha pasado de moda, no se lleva. Tengo que buscas otro estilo y no veo nada claro”. Aquel contexto que retrata Bom desde su experiencia personal, es también la imagen de una escena que se va apagando. El fin de la movida termina justamente por este sentimiento de desorientación luego de la exploración de los márgenes y los límites. El paso de una moda es el paso del tiempo y del pensamiento. Es ahí cuando Pepi encuentra la salida para ambas: vivir juntas, que Bom, por su afición al boxeo, se convierta en su guardaespaldas y que se dedique a cantar boleros. Ambas se ponen felices y caminan juntas entre risas y la posibilidad de una nueva vida. Un final irreverente para la película y también para la movida madrileña. El fin de un movimiento donde el absurdo termina siendo consigna de la representación contracultural de la época.








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