“Louie Louie” era una canción de rythm and blues con un beat cha-cha/ calypso original de Richard Berry, compuesta en 1955. Varias bandas de garage del noroeste estadounidense (el llamado “Northwest”) la tocaban en sus presentaciones, como Ron Holden and The Playboys, The Frantics, The Thunderbirds, entre otras. En su forma original, poco hacía presagiar el papel clave que jugaría en la gestación del garage rock, especialmente en dos hitos: el nacimiento del primer sello del garage, Etiquette Records, fundado por miembros de The Wailers, y por la explosiva versión de The Kingsmen.

The Wailers, banda de Tacoma, Washington, es considerada una de las pioneras del género. Su líder Rockin’ Robin” Roberts ya tocaba Louie Louie con su banda anterior a The Wailers, y querpia grabarla. La banda estaba bajo contrato con el sello neoyorquino Golden Crest y grababan todo su material allí, pero últimamente el sello no demostraba mucho interés en ellos y lanzar el single habría sido una espera de varios meses. Pero cuando supieron que otras bandas estaban planeando entrar al estudio a grabar “Louie Louie”, decidieron adelantarse y hacerlo por su cuenta.
Fue entonces cuando fundaron su propio sello, Etiquette Records, en Seattle. Lo hicieron tres miembros de los Wailers: “Rockin’ Robin” Roberts, Kent Morrill y John “Buck” Ormsby. Como su contrato con Golden Crest les impedía publicar bajo el nombre de la banda, lanzaron el sencillo acreditado únicamente a “Rockin’ Robin” Roberts y solo varios años más tarde pudieron cambiarla a The Wailers. En 1961, su versión de “Louie Louie” se convirtió en un éxito rotundo en la escena local, aunque la versión, digamoslo, no opasa de ser una correcta versión de la original. Para Seth Bovey, “lo mejor que se puede decir acerca de esta grabación es que inspiró a dos emergentes bandas garage de Portland, Oregon -Paul Revere and The Raiders y The Kingsmen- a tocar y grabar la canción” (23). Cierto, porque esta fue la versión que versionaron estas bandas, que nunca oyeron el cha cha cha de original de Berry. Y, ciertamente, la banda de Paul Revere se convertiría con el tiempo en un estandarte del garage y The Kingsmen la romperían en los charts, mientras que The Wailers pasarían al Olimpo no por su música, sino por Etiquette. El sello se convirtió en una pequeña revolución de los sellos del Northwest, por su sonido sucio y crudo, que pronto entusiasmó al público joven del Estado de Washington y alrededores a grabar sus propios discos, sin necesidad de hacer fila en las grandes corporativas.

Si bien la versión de Paul Revere es la más “profesional” de las tres, la mejor tocada y mejor cantada, la que pasó a la historia fue de The Kingsmen, otra banda del Northwest, específicamente de Portland, Oregon.
The Kingsmen apenas ensayaron el tema antes de grabarlo. Se aprendieron la canción escuchándola en las fiestas a las que solían ir y juntaron a duras penas para arrendar una hora (sí, una hora) en un estudio en Vancouver (porque allá era más barato). El 6 de abril de 1963 fue el elegido para registrar un demo que pensaban presentar a los organizadores de un crucero veraniego, por si les daban algún trabajillo como banda a bordo. Como era un demo, nadie se lo tomó demasiado en serio. Dicen que fue una sola toma y es muy probable, considerando que tenían solo una hora para grabarla, mezclarla, ponerla en un disco y llevársela a casa. Y su falta de preparación quedó registrada: el cantante Jack Ely, con frenillos y sin experiencia en estudio, cantó lejos del micrófono, murmuró partes de la letra que había olvidado y entró desfasado en una estrofa. El baterista Lynn Easton se golpeó con una baqueta y gritó “fuck!” tan fuerte como para que se colara por los micrófonos ambientales y registrara de paso la primera palabrota grabada en la historia del rock and roll. Ponle atención, está en los 54 segundos.
Esa tosquedad técnica, que en principio parecía una desventaja, acabó siendo parte fundamental del mito. “Louie Louie”, en efecto, como dijo la revista GQ, era “una grabación tan amateur que jamás debió haber visto la luz del día”. Pero Ken Chase, locutor de una emisora local, fue el primero en ver el potencial de la grabación y la tiró al aire. Los jóvenes comenzaron a pedirla casi con obsesión. Era mucho más sucia que la de The Wailers, y eso, en vez de espantarlos, los atrajo aún más. El sello independiente de Seattle, Jerden Records compró el master y distribuyó el single más allá del Estado de Washington. Poco después, la canción se convirtió en un fenómeno nacional, alcanzando el primer puesto en la lista US Cash Box y el segundo en Billboard en 1964. The Kingsmen sonaban en todo el país y hasta fueron a la televisión. Una locura.

Pero el verdadero impulso que la catapultó al estatus de clásico vino por un motivo inesperado: la grabación era tan mala y letra era tan difícil de entender —por la mala pronunciación de Ely, que cantó con el cuello torcido para alcanzar el micrófono y porque simplemente lo suyo no era la dicción elegante—que empezaron a circular rumores sobre supuestos mensajes obscenos ocultos. En febrero de 1964, un padre alarmado escribió al fiscal general, Robert F. Kennedy, denunciando el contenido “indecente” de la canción. Luego, una madre se enteró de esto y envió otra carta, y luego otra madre por allá y otro padre por acá. Cada padre y madre escuchaba lo que quería escuchar (¿alguien habrá oído el FUCK del 0:54’?). Esta y otras reacciones similares desataron un clima de pánico moral que llevó al FBI a iniciar una investigación formal. Durante meses el FBI siguió a los Kingsmen durante su gira por Estados Unidos, asistiendo a varios conciertos tratando de escuchar en vivo las ofensas a la moral pacata; también estudiaron a fondo la letra en la grabación, sin que nadie pudiera ponerse de acuerdo en las obscenidades que decía. O que no decía, porque la letra es una historia tan simple que da risa todo el polvo que levantó[1]. Todo se trató de que nadie lograba entender qué mierda estaba diciendo el cantante. Como dijo la revista GQ: “los federales y el resto de adultos escandalizados por Louie, Louie se estaban enfrentando a un test de Rorschach sonoro, o una cacofonía solo marginalmente inteligible donde cada cual creía escuchar solo aquellos terrores y demonios que ya llevaba consigo de antemano”.

Pero el escándalo reforzó el atractivo de la canción. “Louie Louie” se convirtió en un símbolo de rebeldía juvenil, un grito desafinado contra el orden establecido. Con el tiempo, ha sido considerada una especie de Piedra Rosetta del garage rock, siendo grabada por decenas de bandas, incluso por The Sonics, MC5, Motorhead, Iggy Pop, The Clash Y Black Flag.
Por otro lado, la discografía de Etiquette logró editar entre 1961 y 1967, veintiseis singles y ocho LPs, poco en comparación a los sellos grandes, pero entre esos ocho LP están tres de los más importantes de la historia del garage, como son Wailers At the Castle, de The Wailers, y Here Are the Sonics y Sonics Boom! de los Sonics.
En diciembre de 1967 “Roberts” de The Wailers falleció en accidente de automóvil, al poco tiempo se separaron los Sonics y The Wailers grabaron su último disco, lo que haría que el sello cerrara sus puertas durante muchos años… Hasta que, en algún momento, el garage volvió de las cenizas.
Espíritu hazlo tú mismo, grabaciones hechas con energía más que técnica, escándalos con la moral de la época, tres acordes… ¿no les suena esta historia familiar?
[1] Narra la historia de un marinero que le cuenta a un camarero llamado Louie que está ansioso por volver a casa a ver a su chica.







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