Viruela, vudú y guitarras distorsionadas: Bryan Gregory de The Cramps

Linda Lee, una baterista que en los años setenta tocó con grupos como The Curse y True Confessions bajo el nombre de Patzy Poison, fue de visita una noche al CBGB del Bowery neoyorquino. Por supuesto, fue al baño, experiencia que en aquellos años podía resultar aterradora en sí misma, considerando la fama de aquellos “poco elegantes” servicios, pero que, en su caso, resultó aún más espeluznante: “Sentí una presencia y era Bryan Gregory, que era el guitarrista en the Cramps. Había un rumor sobre él, decía que era tan malvado que había decapitado a alguien, que era el mal hecho persona. Entró y era más o menos de mi estatura, muy, muy delgado, y tenía la piel marcada por la viruela, de un aspecto irregular. Tenía el cabello rubio, un mechón detrás de la oreja, largo y grasiento, y del otro lado le colgaba de la cara. Tenía un aspecto increíblemente espantoso. Se quedó ahí de pie, saco una peineta y se admiró durante dos minutos, y yo me quedé mirándolo”.

Bryan Gregory, nombre adoptado por Greg Beckerleg, fue el primer guitarrista -sin contar a Ivy, claro- de The Cramps, parte de la formación más clásica del grupo y dueño de una imagen escalofriante, que lograba incluso ensombrecer al maestro de ceremonias Lux Interior.

Bryan Gregory (o simplemente Greg) conoció a Lux Interior cuando el cantante, recién llegado a Nueva York, consiguió trabajo como vendedor en una tienda de discos llamada Musical Maze, donde otro recién llegado a la ciudad comenzaba a trabajar: Greg Beckerleg. Greg era ambicioso y soñaba con estar en una banda de rock and roll, aunque tenía dos problemitas que le complicaban el camino: uno, su cara, marcada por la viruela y con una mirada capaz de congelar, y dos, que no tenía ni idea de cómo tocar instrumento alguno. Ni una sola nota. Sin embargo, por algún motivo extraño, se consideraba a sí mismo una estrella y consideró que el tipo de banda que Lux quería formar, era uno digno proyecto para alguien como él. “Siempre había querido estar en una banda, pero nunca creí que conocería a alguien tan genial como yo, hasta que conocí a estas personas”, dijo.

Bryan Gregory en acción

Oriundo de Detroit, Greg tenía 25 años y toda su vida había sido un amigo, gastando su tiempo en vagar y en soñar en convertirse en el próximo Brian Jones. Claro que, a diferencia de Jones, que domina a la perfección decenas de instrumentos, Greg se limitaba a soñar y a esperar que algo ocurriera. Lux y Ivy, sin embargo, vieron en esa absoluta inexperiencia una ventaja para The Cramps: por un lado sería un tipo moldeable a lo que quería la banda, y dos, garantizaba que la calidad de bichos raros de la banda. Y estaba su imagen. En palabras de Dick Porter: “Su piel marcada por la viruela tenía un aspecto de papel arrancado de un libro de sabiduría prohibida, mientras que sus pupilas puntiagudas brillaban bajo un largo mechón de cabello castaño, colocado en forma de cascada al lado de la cara al estilo de Veronica Lake. Tenía un aire sospechoso que hacía que la gente se sintiera incómoda o recelosa, y también era algo afeminado; tanto por su aspecto ligeramente andrógino como por su forma de hablar”. El periodista de la NME, Nick Kent, completa la idea: “Es igualmente inquietante la completa serenidad de Gregory, su voz siempre se mantiene en un tono de voz engañosamente suave, en estricta contradicción con su par de ojos de aspecto venenoso que, junto con la gran variedad de tatuajes que cubrían sus brazos, parecía salido de un nido de serpientes de una película de Tood Browning”. 

Greg tenía intereses en cultos no convencionales, en el chamanismo, el oscurantismo, el vudú. Su aspecto intimidante y misterioso dio lugar a muchos otros rumores, como que había trabajado en una planta de armas nucleares en California, pero lo habían despedido porque comía demasiados productos. Decían que era la maldad pura. Que el collar de huesos que solía usar en realidad estaba hecho con huesos de monjas muertas. Durante mucho tiempo circuló el rumor de que tenía un pacto con el diablo.

Bryan Gregory y Poison Ivy

Lux e Ivy decidieron que Greg podía ser el bajista de The Cramps. Sin embargo, al día siguiente se encontraron con una sorpresa. En palabras de Ivy: “Al día siguiente, nos quedamos helados cuando Greg ya se había comprado una guitarra Giannini en una casa de empeños y le había hecho un esténcil de The Cramps en la funda”. Lux e Ivy le siguieron la corriente, y así fue como The Cramps se transformó en una banda de dos guitarristas. 

Para realzar su imagen, Ivy le regaló una guitarra Flying V. que el ahora autodenomiado Bryan Gregory decoró con stickers de lunares. 

Para el puesto de la batería, Bryan sugirió a su hermana Pam, a pesar de que tenía menos experiencia musical que su hermano, si eso es posible. Pero fue aceptada. “No dejamos que esos detalles nos impidieran seguir con nuestra misión”, explicó Ivy. Pero Pam duró poco, más bien solo unos cuantos ensayos, y en su reemplazo entró Miriam Linna, que fue la primera baterista estable de The Cramps. Linna dijo sobre Gregory: “Bryan era capaz de crear los gruñidos y chillidos más locos y anormales. También podía mover su cigarrillo por su boca con sus labios y lo tiraba a algún pobre chico del público, era algo bizarro y aterrorizante, pero no podías evitar quedar fascinado. Y créeme, en ese tiempo, no todos eran un público gentil y amantes de la diversión de los que apreciaban a quienes ‘tocaban bien’. Eran tipos duros”. 

Con el tiempo comenzaron las diferencias. “Bryan siempre se consideró el nuevo Brian Jones”, dijo Lux. “Coleccionaba fotos suyas, lo idolatraba. Lo que hacía era fingir ser Brian Jones. Una vez le dije que Bryan Gregory era más grande que Brian Jones, porque estaba vivo. Pero no le satisfacía ser Bryan Gregory”. Lux y Ivy siempre fueron The Cramps y cuando Gregory quiso hacer canciones más políticas al estilo The Clash, se encontró con la cara inmutable de la pareja. Vale decir que “hacer canciones” es una forma de decir, pues Greg aún era incapaz de componer ni un carajo. Y no solo The Clash y Brian Jones, Gregory parecía engancharse a cada idea nueva y corriente que comenzaba a ir viento en popa y se frustraba por no ser él quien ocupaba ese lugar. Aunque su presencia espeluznante era un plus en la imagen del grupo, y su guitarra distorsionada a más no poder agregaba capas de ruido hermoso a la oscuridad de las canciones, Gregory siempre fue algo así como un buen actor.  

Bryan Gregory

“En esa época, la discográfica pensaba que iba a tener una carrera en solitario, así que inventaron todo eso de que era un brujo. Ni siquiera sabía leer. Es muy difícil ser brujo si no sabes leer”, afirma Lux. Además, Bryan cada vez se sentía más paranoico y amenazado por sus compañeros de banda, que brillaban con luces propias. Según Lux e Ivy, Bryan no entendía a la banda, no le gustaba el rockabilly, tenía problemas evidentes para recordar las notas de guitarra de cualquier canción, aunque tuviera que solo rasguear dos cuerdas. Además, el consumo deheroína comenzaba a darle problemas serios de adicción. Tuvo un ataque de orgullo herido un día que tocó el timbre de Ivy y nadie salió. En su cabeza, sus compañeros estaban evitándolo, tramando contra él, sin saber que en realidad el timbre no funcionaba.

La paranoia y la confusión crecieron y el malvado Bryan no hacía más que desorientarse. Hasta que un día ocurrió. Dejó a The Cramps. Ocurrió en Cleveland, en 1980. “Fumamos opio. Le di las buenas noches, me fui a la cama y a la mañana siguiente no estaba”, cuenta Lux. La leyenda urbana dice que Gregory se fugó sin aviso, aprovechando de robar los instrumentos y equipos de la banda, para unirse a una secta oscurantista. 

La primera reacción de Lux y Ivy fue la preocupación: era tal la obsesión de Gregory con Brian Jones, que daban por hecho que días después de dejar The Cramps, Gregory aparecería ahogado en una piscina, solo para parecerse más a Jones. Pero los días pasaron y nadie se ahogó en una piscina. Entonces comenzó la ira. “Apenas tocó en alguno de nuestros discos. Odio destruírselo a los fans, pero el tipo estuvo luchando contra nosotros todo el tiempo. Era un tonto de Detroit que olía a pegamento, y eso es todo. No es que tenga nada en contra de los esnifadores de pegamento ni de Detroit”. 

Pasaron los años y los Cramps tuvieron palabras más bien de agradecimeitno a Bryan, por muy idiota que siguieran considerandolo. Dijo Lux. “Son grandes recuerdos. Bryan podía hacer muchas cosas raras. Al principio era un bicho raro. Más tarde, se convirtió en una estrella de rock, por desgracia. Pero al principio salía al escenario, se doblaba en posición de loto de yoga y corría con las rodillas. Luego giraba sobre una rodilla y saltaba al público, lo que era muy peligroso. Asustaba mucho a la gente. La banda era un verdadero ataque a cuatro bandas”. 

Una fría noche de enero del año 2001, en la sala de emergencias de un hospital de California, Bryan Gregory hacía su aparición final. Un colapso y un paro cardiaco acabaron con su vida. Nunca pudo hacer una carrera solista ni ninguna secta ni adivino le cedió un mejor lugar en esa obsesión por el estrellato que le nubló la vista. Pero, por supuesto, quedan los discos y quedan las fotos y quedan las imágenes del brujo vudú aterrador de mechón blanco, collares de huesos, tacones y la cara desfigurada por la peste: el monstruo que los fans de The Cramps nos merecíamos.

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