El sonido de la rebelión: Link Wray y la primera distorsión

(Por Emilio Vilches Pino)

“Había un tipo llamado Link Wray”, dijo una vez Iggy Pop. “Escuché esta música en la cafetería universitaria. Se llamaba “Rumble”, y sonaba muuuy peligrosa”. Para Iggy, ese momento fue una revelación: “Dejé la escuela emocionalmente en el instante en que escuché “Rumble”. No fue el único. Decenas de músicos —de Jimmy Page y Pete Townshend a Joe Strummer— han confesado su admiración, y sus canciones han sido versionadas por The Cramps, Los Straitjackets, The Monomen, The Flat Duo Jets, Billy Childish, The Milkshakes, Thee Headcoats, Guitar Wolf o Supersnazz, entre otros.

Link Wray, músico estadounidense, hijo de madre shawnee y padre cherokee, creció durante la Gran Depresión, siempre a la sombra de la miseria y de la amenaza del Ku Klux Klan. Aprendió a tocar de niño y formó una banda con sus hermanos. La pobreza era extrema, agravada por la discriminación racial. “Elvis creció en la pobreza de un hombre blanco. Yo crecí en la pobreza de un Shawnee”, dijo. No exageraba. Su familia se escondía o cubría las ventanas con mantas cuando empezaban las quemas de cruces. Fue camillero en la guerra de Corea, donde perdió un pulmón y parte de la vista de un ojo a causa de una peste agresiva.

A mediados de los 50, Link Wray y sus hermanos tocaban instrumentales correctos, pero sin salirse del montón. La única excepción era la batería: en vivo sonaba como un cañón. Su hermano Doug tocaba con las baquetas al revés, y su pegada opacaba la guitarra de Link. ¿Qué hizo él? Buscar la forma de sonar más fuerte. Subió el volumen hasta saturar los amplificadores y empezó a tocar con power chords, acordes de quinta que en ese entonces casi nadie usaba (algunos dicen que Wray los inventó, pero ya habían aparecido antes en manos de ciertos blueseros.). Aun así, no bastaba.

En un concierto, un productor se acercó y les pidió algo más lento para calmar al público, que estaba a punto de armar una pelea. Les sugirió una canción de moda que no conocían, así que Doug marcó un ritmo y Link se sumó con tres acordes, mientras el resto iba entrando. Ya iba bien, pero la cosa se volvió única cuando Link puso el micrófono de voz frente al amplificador de la guitarra. El resultado fue un sonido rasposo y brutal. “Los amplificadores vibraban, traqueteaban, porque no podían con ese sonido tan pesado; además, toqué muy fuerte, muy duro, con power chord”, recordaba. El público se agolpó frente al escenario con la mandíbula caída. Doug se levantó de la batería y, riéndose, le dijo que llevaba años tocando sin que la gente prestara demasiada atención, y que ahora, con aquel ruido, parecían haberse vuelto locos. El productor lo vio claro: aquello había que grabarlo, y cuanto antes.

Solo tenían 57 dólares de presupuesto. Con eso alquilaron una hora en una sala pequeña, con una mesa de una sola pista. Pero en el estudio, la guitarra no sonaba igual, ni siquiera con el truco del micrófono frente al amplificador. “En el concierto los equipos vibraban, parecían saltar, y eso no aparecía”. Entonces Wray quitó la tapa del amplificador, perforó los parlantes con un lápiz y, como por arte de magia, ahí estaba ese sonido. “Rumble” se convirtió así en la primera canción grabada en usar distorsión de guitarra de forma intencional.

Desde entonces, no soltó la distorsión. Metía lápices y toda clase de herramientas en los amplificadores, experimentaba con micrófonos y buscaba nuevas formas de saturar el sonido. Los conciertos se volvieron cada vez más violentos. “Rumble” era siempre el punto de ebullición. “La gente sacaba sus cuchillos y se cortaban”, admitió en una entrevista. “Yo me tomaba un descanso, salía, la policía venía y se los llevaba a todos… y luego volvía a entrar y tocaba otra vez”.

Era la época de los greasers, de The Wild One y West Side Story. Los shows de Link Wray no solo eran agresivos por la distorsión, sino también por el volumen de la banda, las gafas oscuras, la chaqueta de cuero y la forma en que se pavoneaba por el escenario. Se vestía como si fuera a una pelea… y muchas veces así terminaba.

Por si fuera poco, “Rumble” en la jerga juvenil significaba pelea callejera, o pelea entre pandillas. Eso, sumado a los shows incendiarios de Wray y a las peleas que solían estallar en ellos, llevó a varias emisoras a censurar la canción por “incitar a la violencia”. Y eso que no tenía letra, ja. Muchos decían que al oírla sentían que estaban en medio de una pelea de pandillas… aunque jamás hubieran estado en una. El nombre de Wray empezó a asociarse con vandalismo y desorden, y eso, lejos de hundirlo, disparó las ventas del disco y se convirtió en un éxito.

Después vinieron más temas con títulos amenazantes o música más pesada y distorsionada: “Jack the Ripper”, “Big City After Dark”, “Run Chicken Run”, “Comanche”. Ninguno repitió el éxito. Y cuando llegaron los 60 y las discográficas grandes empezaron a poner el dinero en otra parte, Link Wray siguió a su manera: publicando en sellos independientes o grabándose él mismo.

Link Wray no es punk ni lo inventó, pero, como dijo Tom Taylor de Far Out Magazine: “Rumble” encaja con “los principios básicos del punk: actitud, simplicidad, amplificadores saturados y, si es posible, un poco de desafío a la burguesía”.

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