(Por Mister Moon)
¿Alguna vez vieron El Gran Circo Chamorro? Yo recuerdo haber sido pequeño cuando, cerca de las fiestas patrias la pasaban por TVN durante las tardes. Esta película de 1955 cuenta la historia de Euríspides Chamorro, un hombre de circo que debe trabajar muy duro para costear los estudios de su hijo. En su circo, Euríspides las hace todas: desde vendedor de entradas hasta payaso, porque necesita el dinero y, por lo tanto, debe hacer gala de toda su versatilidad para cumplir diferentes roles durante el show. Este personaje bien podría definir a José Bohr, quien dirigió la cinta protagonizada y escrita por Eugenio Retes. Y es que José Bohr es uno de los personajes más singulares, multifacéticos y talentosos que hemos tenido en Chile. Tanto así que debemos compartirlo con Argentina, México y Estados Unidos, sin mencionar tantos otros lugares donde dejó huella. En Chile, sin embargo, es donde más marcaría un legado por su amor y dedicación al cine, convirtiéndose en uno de los pilares fundamentales que impulsaron la proliferación del cine nacional.
José Bohr nació en Alemania, el 3 de septiembre de 1901, en la ciudad de Bonn, bajo el nombre de Joseph Bohr Elzer. Siendo muy pequeño, su familia se trasladó a Argentina, donde vivió brevemente en Río Gallegos, para luego mudarse a Chile en 1904, aprovechando los beneficios para colonos que ofrecía el gobierno de la época. Primero se establecieron en Porvenir, pero finalmente se asentaron en Punta Arenas.
Desde niño Joseph, ahora José, demostró un talento innato para las artes: podía cantar, bailar y aprendió a tocar el piano. Su amor por Punta Arenas lo dejó plasmado en el himno que compuso para la ciudad; años más tarde sería nombrado hijo ilustre por las autoridades. Durante su adolescencia comenzó a tocar el piano en las proyecciones de cine mudo, una práctica habitual en la época. Fue entonces cuando las luces de la pantalla lo motivaron a iniciar una carrera como cineasta. Ahorró dinero y compró su primera cámara, con la que filmó cortos sobre la vida diaria y acontecimientos sociales en Punta Arenas.
Sin formación académica, únicamente como autodidacta a punta de prueba y error, fundó la Magallanes Films Co. con tan solo 18 años. Produjo varios cortos, algunos con cierto éxito y otros, como Mi alegre noche (una parodia de Chaplin), que fueron un rotundo fracaso. La compañía se disolvió, pero Bohr estaba decidido a continuar. Conoció a Esteban Ivovich y juntos crearon Patagonia Films, con la que realizaron El desarrollo de un pueblo o Magallanes de ayer y de hoy, un documental filmado en 1920 con ocasión de las fiestas conmemorativas del Cuarto Centenario del descubrimiento de Magallanes.
Estos documentales le permitieron llegar a Santiago, donde recibió encargos oficiales del gobierno para filmar visitas a la industria del salitre y la minería. Más tarde, su carrera daría un giro importante cuando se le encomendó registrar la gira diplomática del ministro de Relaciones Exteriores por Brasil, Argentina y Uruguay. Finalmente decidió quedarse en Argentina, donde conoció a quien sería su esposa y fuente de inspiración, Eva Limiñana.
Junto a Eva inició una carrera como cantante y compositor de tangos, con un éxito increíble. José compuso más de 200 tangos, algunos coescritos con ella. Viajó en giras por toda Argentina y sus temas sonaban en las radios. Su fama llegó a tal punto que Carlos Gardel le pidió grabar canciones suyas, como “Cascabelito”. El éxito fue tan grande que en Argentina lo llamaban José “Che” Bohr, y en 1925 su espectáculo llegó incluso a Broadway, en Nueva York.

Estando en Nueva York, Bohr comenzó a codearse con innumerables estrellas y, casi sin proponérselo, volvió al cine nada menos que en Hollywood. Allí actuó y dirigió, ganando reconocimiento rápidamente. En 1929 recibió un “Oscar” simbólico por Sombras de Gloria, ya que en ese entonces no existía la categoría de mejor película extranjera. Es importante destacar que esta cinta fue la versión en español de Shadows of Glory. ¿Qué significa esto? Que en esa época aún no existía el doblaje, por lo que Hollywood producía versiones paralelas de sus películas, filmadas con actores latinos (principalmente mexicanos) para abarcar el mercado hispanohablante.

Este trabajo lo llevó a México, en lo que quizá fue su etapa más oscura. Produjo una enorme cantidad de películas, pero pocas lograron cautivar al público. En entrevistas posteriores, el propio Bohr reconoció que no había mucho destacable de ese periodo, salvo haber conocido a grandes artistas como Jorge Negrete, Luis Buñuel y Mario Moreno “Cantinflas”, además de la realización de Sueño de amor, sobre la vida de Franz Liszt, protagonizada por el pianista chileno Claudio Arrau.
A comienzos de los años 40, Bohr regresó a Chile como director de Chile Films, la mítica empresa estatal, y filmó 16 películas. Además de dirigirlas, componía la música y actuaba en varias de ellas, todo un “Chamorro”, convirtiéndose en el director más prolífico de la industria nacional, título que años más tarde le arrebataría Raúl Ruiz.
Estas 16 películas, filmadas entre 1942 y 1970, llevan el sello inconfundible de Bohr: comedias con historias sencillas, pero con personajes altamente identificables, que representaban el criollismo, el folclore y conflictos entre polos opuestos —campo/ciudad, ricos/pobres, desdicha/felicidad—. Su mirada sobre la sociedad chilena de la época quedó plasmada en sus filmes, lo que le valió muchas críticas, especialmente de quienes esperaban un cine más sofisticado y lo descalificaban como “cine chabacano”. Aun así, su obra logró llegar a la gente.
La actriz Ana González, “la Desideria”, fue fundamental en su filmografía, permitiéndole alcanzar un público masivo. Trabajó con ella en varias películas, destacando La dama de las camelias, aunque la crítica de la época la destrozó, llegando incluso a sugerir que esas cintas “deberían ser quemadas”. Más allá de las opiniones, lo cierto es que su pasión por el cine y las artes, junto con su enorme contribución al cine chileno, son innegables. Su carrera, marcada por altos y bajos, muestra a un hombre que nunca se rindió y siguió haciendo lo que amaba. Multifacético y trotamundos sin igual, se retiró en 1970 para radicarse en Europa. En 1979 la Academia de Hollywood le rindió un homenaje por su carrera pionera en el desarrollo del cine.

Alejado del medio, José Bohr volvería a Chile en varias ocasiones, siendo la última en 1992, para el reestreno de La dama de las camelias, en su versión restaurada por la División de Cine del Ministerio de Educación. Dos años después, el 29 de mayo de 1994, José Bohr fallece en Oslo, Noruega. Había dejado escrito que sus cenizas fueran esparcidas en el estrecho de Magallanes, en Punta Arenas, la ciudad de sus amores. Su familia cumplió su deseo el 18 de agosto de ese mismo año.
Actualmente, la Cineteca Nacional dispone de un catálogo en línea con 9 películas de José Bohr restauradas en 4K: P’al otro lao (1942), Flor del Carmen (1944), La dama de las camelias (1947), Mis espuelas de plata (1948), Tonto pillo (1948), La mano del muertito (1948), Uno que ha sido marino (1951), El gran circo Chamorro (1955) y Sonrisas de Chile (1970). Estos títulos son un fragmento del legado de José Bohr que no solo mantienen viva la memoria del cine nacional y reconocen el esfuerzo de quienes lucharon por levantar una industria en Chile, y también funcionan como una ventana al pasado, una retrospectiva de la evolución de nuestra sociedad y de cómo ciertas dualidades siguen presentes en nuestra vida diaria. Al final de cuentas, muchas veces nosotros mismos hemos sido un Chamorro, haciendo malabares para poder salir adelante.








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