Temor morbosos a la exposición pública (Loquero) por Alejandro Stephens

TEMOR MORBOSO A LA EXPOSICIÓN PÚBLICA
LOQUERO
Ugly, 1997

La fantasía de la estabilidad debe ser una de las más ridículas creencias actuales, siendo, tal vez, a la que más he intentado aferrarme, a pesar del sinsentido que representa.
En estos días en que lo cotidiano genera la sensación de un continuo en que la rutina es lo único que existe, que es lo único que ha existido y que dominará eternamente el presente, cuesta asumir que la situación actual es producto de las distintas decisiones que se han tomado durante los años, que los errores se acumularon por sobre los aciertos, que gran parte de la rabia también es solo pena que no pudo expresarse en forma correcta, motivo por el que duele recordar los años en los que se sentía miedo, desconcierto y esperanza, un período en el cual la música era realmente importante, no solo ruido de fondo para acompañar la miseria de cada día, sino que ayudaba a minimizar la sensación de soledad y abandono.
La memoria puede estar fallando otra vez, pero el recuerdo que he creado es que este casete estuvo un mes sonando en mi pieza, a diario, con la luz apagada, oyendo esas frases a las cuales quería encontrarles un sentido acorde a mis vivencias, a mis frustraciones, a mi búsqueda de la sensación de pertenencia. No recuerdo bien si fue el año ‘96 o ‘97 cuando vi algún afiche en el que se anunciaba la visita de una banda argentina llamada Loquero, a la cual solo conocía de nombre.
Creo que la primera vez que leí sobre ellos fue en un zine argentino llamado Aguanegra… ¿O fue en Intoxicación? Allí se hablaba de la cinta Doble Bolsa Roja, la cual recién pude escuchar años después en YouTube. Varias de las canciones de esa cinta se registrarían de nuevo para este Temor morboso a la exposición pública, disco que presentarían en esa pequeña gira, y el cual adquirí en la fecha que realizaron en la Quinta Ecuador, siendo la carátula del casete unas imágenes de ratas muertas, distinta a la portada que después se convertiría en la característica del disco. Mi memoria siempre ha sido frágil, en parte por el alcohol, en parte por el tiempo, por lo que hoy recuerdo poco del concierto en sí, pero la banda me impactó lo suficiente como para llevarme a casa una copia.
Supongo que es raro asumir que ya han pasado unos veinte años y que hoy es uno de esos discos que escucho muy de vez en cuando, pero estas canciones me recuerdan una época en que los días no se sentían como una constante repetición, años en los que estudiaba una carrera que nunca terminé, en los que había tiempo para creer que nuestras vidas podrían tener algún sentido; un tiempo en que nuestros sueños apuntaban a cambiar aquellas cosas con las que no se estaba de acuerdo, aquellas cosas que solo cambiaron para peor.
La música de esta banda me parecía (por lo menos en este disco) diferente a lo que escuchaba en esos años, muy alejado de lo que las bandas clásicas argentinas como Attaque 77 o 2 Minutos con su constante homenaje a Ramones, pero sus letras fueron el motivo por el que este disco se volvió imprescindible.
¿Cuál era el mensaje que querían transmitir estas canciones? ¿Las letras correspondían a lecturas críticas, o solo eran crónicas de las vivencias cotidianas de su autor?
Con varios de mis discos favoritos de bandas que cantan en castellano, cuyo impacto en mí se produjo principalmente por sus palabras, me hago la pregunta: ¿Me gustaría este disco si hubiese estado cantado en inglés, si no hubiese entendido las letras?
Desconozco mayores detalles del porqué de cada canción, pero, como dije antes, fui capaz de proyectarles un sentido. Tristeza, rabia, desorientación, dudas… Las canciones me hicieron sentir que no estaba solo, que afuera había más personas que no encajaban y que eran capaces de expresarse.

Creo que tanto en los libros como en los discos es importante ser capaz de encontrar frases que tengan sentido aun sacándolas del contexto al que pertenecen… Por dar un ejemplo, aquella canción que decía: “Hoy no hay show / entonces nos drogamos/ entre grandes estrellas nos damos la mano/ pero mientras tanto un cabo ignorante/ le pega a un loco que duerme en la calle/ ¿Cuál es el futuro de este chabón?”, me hacía pensar dónde estará aquel que fue golpeado sin razón en aquellos años por la policía… ¿Estará muerto? ¿En la cárcel? ¿Se habrá vuelto el policía que ahora golpea a otros muchachos que no tienen donde dormir más que el pavimento?
Dudo que muchos se hagan esas preguntas, ya que también implica preguntar dónde se encuentra cada uno de nosotros, después de haber soñado, cuestionado, creído y decepcionado… ¿Cuál de aquellos que repetíamos consignas y estribillos terminó convirtiéndose en policía?
Pero supongo que hay preguntas cuyas respuestas siguen pendientes con los años; a veces preguntas tan simples como “¿A quién le gusta la represión?”, cuya respuesta puede parecer obvia (aunque lamentablemente no lo es…): “¡A nadie le gusta la represión!”.
Algo que me llamó la atención fue esa capacidad de reflejar las realidades a distintos niveles, tanto personales como políticos, alejándose de los eslóganes que han sobresaturado el punk (bueno, no sé si la banda se interesaba o le preocupó esa etiqueta), desde la memoria que se comparte en Latinoamérica lanzando preguntas cuyas respuestas rara vez son cómodas, preguntas como: “¿Dónde está? ¿Dónde fue la gente con onda?”, a lo que solo se puede decir: “No lo vi, no lo sé, no encuentro respuesta/ Para mí terminó desaparecido/ Así fue la historia siempre en esta tierra/ Si la sangre, nuestra sangre, regaba el asfalto/ Se mezclaba en el aire y la respiraban/ Circulaba mansamente por las cañerías y lavaba la mugre de todas las almas”.

Como ya comenté, si bien no se olvidaban de la realidad ni de la historia, lo que se reflejaba en frases que podrían parecer simples como “para un soldado no hay mejor que otro soldado de su clase”; la gran diferencia fue la forma de expresar distintos niveles de rabia (“Esta va a ser la última canción que le hagamos a un tipo de mierda/ No perdamos tiempo/ No nos amarguemos / Pero tampoco nos olvidemos”); desamparo (“No te debo ninguna canción pero quiero encontrarte… /Es muy tarde pero igual el pasado vuelve a cada instante”); ansias de libertad (“Las paredes fueron hechas para lobos enjaulados, pero a mí no me convencen las rejas de un solo lado”), y el total distanciamiento del ambiente que nos rodea (“Vas a abandonar esta fiesta temprano/ Vas a dejar a tus amigos un tanto incómodos/ Porque nosotros nunca jugamos el juego / Porque nosotros nunca seguimos las reglas”).
En lo personal, creo que la canción que cierra el disco aún sigue siendo difícil de superar:
“Mi corazón es de cristal
y nadie lo puede rayar.
Desconectado del pulmón que nada puede oxigenar…
Para ser un tipo normal
voy a aprender a resbalar.
Para estar solo
hay que tener mucho valor…
Quiero que rompas los vidrios del baño
quiero que te cortes por mí
quiero que me entibies con tu aliento de muerte
quiero quemar mi casa e irme de aquí.”

Alejandro Stephens y Temor morboso a la exposición pública

Honestamente, dejé de seguirlos después de su disco Fantasy, el cual me pareció que apuntaba en una dirección más “pop” y con algunas letras más amigables (“Estoy enamorado por primera vez / Es raro pero es muy loco también / Me siento como una abeja obrera…”).

Hace unos años salió Temor Morboso en vinilo. Cuando lo recibí se me indicó que no correspondía a un disco doble, que era lo que habría esperado dada la cantidad de temas. Luego me di cuenta de que se habían eliminado varias canciones, pero se mantuvo el “bonus track” que aparecía después de la última canción.
Si bien han tocado por estos lados últimamente, creo que no los veo en vivo hace más de diez años, por lo que a veces me pregunto… ¿Cómo sería escuchar este disco por primera vez el día de hoy?
Muy pocas cosas son como en esos años. De verdad me encantaría ser capaz de encontrar un disco que me remueva de la misma forma, pero tal vez para quienes se consideren artistas o músicos, debería ser un desafío lograr escribir canciones que logren este impacto, que puedan ser recordadas después de veinte años como parte importante en la vida de alguien que sea capaz de evocarlas como la banda sonora de una etapa que no se recuerda con nostalgia.

Alejandro Stephens ha sido o es integrante de las bandas Enfermos Terminales, En Tu Contra y MalGobierno. Colaborador del zine Crónica Negra y del sello Masapunk. Ha grabado discos de bandas como Marcel Duchamp, Manual de Combate y ZAT, entre otras.

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