(Por Mister Moon)
Este año Jaws, o mejor conocida por nosotros como Tiburón, cumple 50 años desde su estreno en 1975. Una cinta que desde entonces ha sido referente e influencia no solo desde el punto de vista artístico del terror y el suspenso, sino también por las maravillosas actuaciones y una dirección de un Steven Spielberg totalmente inspirado.
Esta película no estuvo ajena a complicaciones durante el rodaje. De hecho, hubo problemas previos: oficialmente Spielberg no iba a dirigir el proyecto. El director asignado era Dick Richards, quien fue retirado porque su visión era prácticamente una copia de Moby-Dick y, además, según los ejecutivos de producción, no distinguía entre una ballena y un tiburón. Por suerte, el proyecto cayó en manos de un joven Spielberg, quien hasta ese momento tenía en su haber varias cintas con buenas críticas, pero ninguna megaproducción. Spielberg tomó las riendas y, quizá con un poco de fortuna, pero sobre todo con mucho talento, logró crear esta joya del cine que hoy repasaremos en cinco razones para verla (de nuevo) en su 50 aniversario.

1. Producción y rodaje
Tiburón está basada en el best-seller Jaws (1974), escrito por Peter Benchley, quien incluso tiene un breve cameo como reportero durante la película. Cuando Spielberg terminó de leer el libro, supo que necesitaría un gran tiburón para el proyecto y que este debía ser el personaje central, pues los humanos eran demasiado desagradables. La determinación de Spielberg dio pie a la titánica misión de construir no uno, sino tres gigantes animatronics que bautizó como “Bruce”. Cientos de miles de dólares fueron invertidos en estos tiburones mecánicos. Sin embargo, las cosas no salieron como se esperaba.
El rodaje se hizo en mar abierto, en las costas de Martha’s Vineyard, algo poco común, pero que aportaba el realismo que Spielberg buscaba. Al lanzar al mar al primer Bruce, las fallas comenzaron de inmediato: la salinidad afectaba sus mecanismos. Lo mismo ocurrió con los demás. Spielberg tuvo que replantear las tomas, filmar a distancia para disimular las fallas y mostrar al tiburón lo menos posible. Esta decisión técnica terminó convirtiéndose en la esencia de Tiburón: evitar mostrar al monstruo repetidamente y potenciar la tensión con largos silencios previos al ataque.
2. El elenco adecuado
Otro factor clave es el elenco y su complicidad. El reparto incluye a Roy Scheider como Martin Brody, jefe de policía de Amity, el ficticio pueblo donde ocurren los eventos. Brody encarna la voz de la razón, protector de la comunidad y quizá el personaje más fácil de empatizar, ya que debe enfrentar su terrible miedo al mar para poder cumplir su misión y enfrentar a la bestia.
Robert Shaw interpreta a Quint, un cazador de tiburones experimentado, rudo y terco. Su personaje odia a los tiburones y ve la oportunidad de vengarse de ellos. Sus métodos son temerarios y generan conflictos con Brody y Hooper.
Richard Dreyfuss completa el trío como Matt Hooper, un joven oceanógrafo experto en tiburones. Representa la ciencia moderna y sirve de puente entre Brody y Quint. Aporta humor, pero también conocimientos esenciales para la caza del tiburón.
La genialidad de estos tres actores brilla en la segunda parte de la película, cuando se embarcan en la misión de poner fin al terror del tiburón. Tres hombres con personalidades distintas, que nos hacen sentir a la deriva y al borde de la locura, pero también nos muestran valentía y voluntad.

3. Una música excepcional
El maestro John Williams fue el encargado de la banda sonora y ganó un Oscar por ella. Su tema principal es muy simple: dos notas repetidas (mi–fa o fa–fa# según la transposición). Williams lo definió como “música minimalista que representa un depredador primitivo e implacable”.
Al inicio, Spielberg dudó de su efectividad. Pensó que Williams bromeaba al mostrarle algo tan básico. Sin embargo, la música se convirtió en el sustituto perfecto del tiburón mecánico, que fallaba constantemente. El tema solo suena cuando el tiburón está presente, transformándose en un código para el espectador: sabemos que el peligro acecha, aunque no lo veamos. La música es tan importante que Spielberg reconoció que, sin ella, Jaws habría sido apenas un éxito moderado. Hoy, su melodía es prácticamente un himno universal del suspenso.
4. Una experiencia en el cine
Quizá después de 50 años la cinta no tenga el mismo efecto que en 1975, pero en su estreno los espectadores vivieron algo inolvidable.
La música de Williams funcionó como catalizador de ansiedad. Así como Psicosis (1960) de Hitchcock generó miedo a las duchas con esos terroríficos violines de Herrmann, Tiburón provocó fobia al mar y a los tiburones. El impacto fue real: en el verano de 1975 las playas estadounidenses recibieron menos bañistas de lo habitual. Muchos confesaban que, aunque sabían que era solo una película, no podían sacarse la melodía de la cabeza.
Los relatos cuentan que la gente gritaba, se tapaba los ojos o se aferraba a los asientos apenas escuchaba las notas graves. La combinación de silencio y súbito inicio del tema generaba sobresaltos. En salas repletas, los gritos y las risas nerviosas se contagiaban como parte de una experiencia colectiva.

5. Simplemente, porque es un clásico
Tiburón cambió la forma de estrenar películas en EE. UU. Antes, los estrenos masivos de verano prácticamente no existían. Debido a retrasos en la producción, se lanzó en esa temporada y fue acompañada de una campaña de marketing sin precedentes: anuncios televisivos, carteles icónicos y merchandising anticipado (camisetas, juguetes, accesorios). El riesgo valió la pena. Aunque el presupuesto se disparó de 4 a 9 millones de dólares, más 2 millones en publicidad, la película recaudó más de 470 millones en taquilla: un récord absoluto. Fue el primer blockbuster veraniego de la historia.
El miedo colectivo fue enorme. A eso se sumó su influencia en el cine, que inspiró secuelas y cintas similares como Grizzly (1976), Orca (1977) o Piraña (1978). Su fórmula narrativa –mostrar lo menos posible al monstruo y dejar que la tensión se construya– fue replicada en filmes como Alien: el octavo pasajero (1979), Signs (2002) o A Quiet Place (2018).
En 2001, Jaws fue seleccionada para su preservación en el National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de EE.UU. por ser “cultural, histórica y estéticamente significativa”. Desde entonces, sigue proyectándose en festivales y retrospectivas, mientras su música se interpreta en conciertos sinfónicos.
Con esta obra, Spielberg se consagró como uno de los grandes directores de la historia, y Tiburón quedó inmortalizada como un clásico atemporal, una película que al menos una vez en la vida hay que ver.









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