“El chico que moría todos los días. Pensar a Kurt Cobain en el siglo XXI”, de Walter Lezcano: leer entre los alaridos

El núcleo de la música de Nirvana no son las guitarras, sino las letras y los gritos de su líder. Una herencia cuyo peso nos golpea con fuerza en esta década de vacío y desencanto.   

Por Sergio Cancino

Por qué lo hizo. Es la interrogante permanente sobre el suicidio de Kurt Cobain, cantante, guitarrista y principal compositor de Nirvana, la banda estadounidense que diseñó un puente entre los ochenta y los noventa para luego dinamitarlo y enviar poderosas ondas de choque a través del espacio-tiempo. Fue un reinado breve —apenas tres álbumes de estudio y una antología de lados B y rarezas—, pero su influencia inspira publicaciones y documentales a más de treinta años de la tragedia.

El argentino Walter Lezcano supera la pregunta inicial, al tanto de la imposibilidad de una única respuesta definitiva, y entrega un ensayo emocionante para quienes recordamos la aparición fulgurante de Nirvana y, al mismo tiempo, didáctico para quienes reciben el legado del trío como un mensaje de una era desaparecida. Hay una precisa reconstrucción de los orígenes de Cobain, con énfasis en el colapso de su salud mental a temprana edad y el infierno posterior al sorpresivo éxito mundial del disco Nevermind (1991).    

Con la cobertura familiar y musical bien resuelta, el autor expande el análisis sobre los textos que Kurt nos dejó, repartidos en las múltiples anotaciones que registró desde 1988 y que luego fueron reunidas en sus Diarios, publicados en 2002. Ese fue el laboratorio experimental de donde provino la conformación de su estilo: “Las canciones de Cobain empezaron en la intimidad de un diario personal. Las palabras tienen ese poder: dan vida, crean desde la nada. En este caso la vida creativa de un escritor de canciones […] No hay dudas al respecto: sin el diario no existiría la lírica de Nirvana”. Sostiene Lezcano que la dependencia de Cobain a la escritura era total y su lógica no tiene fallas. En la soledad de esas páginas está el embrión de todo lo que hizo hasta el escopetazo fatal en 1994: “Era su plataforma de diálogo con el mundo, con el afuera, con lo inhóspito y desconocido que siempre resulta lo exterior”. Es la mezcla de confusión, ambigüedad, humor corrosivo, delirio, absurdo, agonía, desgarro y vómito emocional que después fundió con las guitarras eléctricas y una voz que aprendió a sacar.

Ahí aparece el segundo aspecto en que El chico que moría todos los días es un aporte refrescante: interpretar los gritos de Cobain desde la pobreza, el desinterés y el aburrimiento tercermundista de nuestra América austral. “Kurt Cobain sí que sabía gritar de un modo rockero/punk, pero que encajaba de forma extraordinaria con su propuesta musical donde había muchísima melodía pop […] y a la vez producía dos efectos contradictorios en el oyente con sus gritos: parecía estar pidiendo ayuda y a la vez expulsando cualquier tipo de acercamiento afectivo lastimero”, apunta el ensayista. El grito individual que devino en colectivo, porque para Lezcano —en oposición al lugar común—, Cobain “no fue la voz de una generación, sino que una generación encontró en su obra esas palabras y sonidos que la representaban”.

La rabia y la desesperación de hoy se parecen a sus versiones noventeras, aunque amplificadas por nuevas tecnologías y amenazas. Sin caer en la nostalgia paralizante, El chico que moría todos los días nos recuerda con cariño el siglo en que la radio era la discoteca del pueblo, un centro invisible que creaba una red de conexiones ilimitadas: éramos las canciones que escuchábamos solos y luego acompañados. Nirvana nos hermanó, hasta que la muerte de Cobain nos separó. “La tristeza suena así: es el silencio de los que se van”, concluye Lezcano. Nos queda el consuelo de volver a esos álbumes y resucitar los sentimientos, casi como la primera vez.

Ficha técnica:

El chico que moría todos los días. Pensar a Kurt Cobain en el siglo XXI

Walter Lezcano

Santiago-Ander Editorial, Chile

122 páginas

2025

Sergio Cancino es periodista y editor. Fue director y conductor de las radios Concierto, Rock & Pop y UNO. Trabajó como creativo y locutor en FM Tiempo. Escribió en Rolling Stone Chile y El Mercurio, entre otros medios. En 2022 participó en la antología 100 años de la radio en Chile y publicó el libro Acuario – Manuel García. En 2025 publicó el libro Charly García. Maravillizado (1995-2025).

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