Sobre Poéticas del horror. Poemas escogidos de H. P. Lovecraft y Edgar Allan Poe
Por Cristóbal Ríos Soto
Ficha técnica
Poéticas del horror. Poemas escogidos
Autores: H.P. Lovecraft y Edgar Allan Poe
Traducción por Alexis Figueroa
Editorial: Oso de agua

Una voz extraña es la que lee, dentro de nosotros, los poemas de este libro. Hay momentos en que estamos solos y sentimos una presencia invisible observándonos. Es el momento típico de las películas de terror. La voz del libro “Poéticas del horror”, que reúne en una edición bilingüe los mejores poemas de H. P. Lovecraft y Edgar Allan Poe, parece ser la de esa presencia que se nos ha aparecido a todos en esos extraños momentos de soledad.
Durante tres años Alexis Figueroa, escritor y editor, se dedicó a traducir los poemas que integran este volumen. “Leí varias traducciones de poemas de Poe y las encontré deficientes. Dije ¿Por qué no las traduzco yo? En las tardes me sentaba y avanzaba un par de versos”, comenta. Para Alexis Figueroa, hay dos elementos que conectan las obras de Lovecraft y Poe: la fascinación por lo extraño y “la idea de que en el mundo hay una especie de numen, un influjo que conecta la realidad que todos los días vemos con una realidad desconocida que intuimos, que sentimos pero de la que no tenemos grandes claridades. Esta relación es la que da origen a su fantasía”.
La obra poética de Lovecraft, compuesta por más de 500 poemas, puede leerse como las observaciones de un caminante oscuro y silencioso que tiene la capacidad de descubrir, en el mundo moderno, las presencias cada vez más débiles de antiguos dioses y ciudades perdidas. Los 21 textos de Lovecraft seleccionados para este volumen, que abarcan los años de 1918 y 1930, son esencialmente visuales. En casi todos se repite el acto de mirar:
“Y en las calientes, malditas aguas empozadas he visto cosas…
que no espero volver a ver jamás” (p. 21)
En el poema “El lago de la pesadilla”, enuncia:
“Todo eso contemplé, y también vi
una horda de sombras amorfas…” (pág. 68)
El poeta parece no asombrarse de los horrores. Ha visto tanto que no se sorprende. Los poemas de esta selección, donde la observación es la que marca el tono del terror, comparten elementos con algunos poemas de Rimbaud, como “El barco ebrio”, donde el joven poeta también es asaltado por imágenes terribles. “¡He visto el sol poniente, tinto de horrores místicos!”, dice”, o “¡He visto fermentar marjales imponentes/ nasas donde se pudre, en juncos, Leviatán! (…) ¡Horizontes que se hunden, como las cataratas!”. A diferencia de Rimbaud, que exclama al nombrar sus visiones, Lovecraft usa un tono neutro, sombrío y espectral, casi sin signos de exclamación.
Dentro de los textos de Lovecraft reunidos en este libro hay poemas de la nostalgia y el dolor, como “Desesperación”, “Nostalgia”, “Vuelta a casa” y “La antigua huella”, poemas del amor imposible, como “Unda o la novia del mar”, y fantásticos, como “Nyarlathotep”, “El horror de Yule” y “Halloween en un suburbio”.
“La antigua huella” es una de las perlas del libro. Narra la vuelta del poeta a su pueblo natal y cómo pierde el camino a su pasado, sin lograr volver a recuperar la vida que deja atrás mientras camina hacia la muerte. Puede leerse como una versión oscura y terrorífica de “Hay un día feliz”, de Nicanor Parra. La diferencia es que, en este poema, el pueblo de la infancia no es “el reino del cielo azul y de las hojas secas”, ni existe “la mirada celeste de mi abuela”. El pueblo al que regresa el poeta es Dunwich, famoso por los extraños sucesos que se narran en “El horror de Dunwich”, uno de los cuentos fundamentales de “Los mitos de Cthulhu”, y que tiene granjas espectrales, murallas en ruinas y fuegos fatuos. En este poema, Lovecraft logra un ritmo, unas imágenes y una extraña atmósfera sombría que reviven en el lector el viejo camino que lleva en su interior hacia su propio Dunwich natal lleno de escombros.
La nostalgia de Lovecraft por antiguos seres y dioses aparece en los poemas “Pan” y “A la antigua religión pagana”, donde se pregunta dónde quedaron las dríades, las náyades y las nereidas. En este sentido se emparenta con Fernando Pessoa y su proyecto de retornar al paganismo, que aparece en los poemas a Pan de su heterónimo Ricardo Reis. Lovecraft crea una obra poética de misteriosas resonancias antiguas, que despiertan en el lector la nostalgia por un momento donde las presencias extrañas, oscuras y terroríficas existían y se desprendían de la realidad.
La sección del libro dedicada a Edgar Allan Poe abre con “El cuervo” que es, quizás, uno de los poemas más bellos e inquietantes de la historia de la literatura. Alguien toca la puerta del narrador una noche en que no puede dormir, por haber perdido a su amor, Leonor. Al abrir la puerta no hay nadie, y entra un cuervo a la habitación que dice: “Nunca más”. La presencia del vacío y de la nada es repetida en cada estrofa por el cuervo, y constituye “su puro y único saber”. Un saber que es cuestionado por el narrador, que se pregunta durante todo el poema si volverá a ver a Leonor. La nada profetizada por el cuervo se impone a las preguntas, y es, quizás, el sentido último del poema.
Las preguntas inquietas y angustiadas son una de las marcas en la poética de Poe. En “El cuervo” son uno de los elementos centrales, al igual que en “Ulalume”, otro poema sobre la pérdida de la mujer amada, donde los enamorados se preguntan si son los demonios los que impidieron su camino. “Los poemas de Poe son muy teatrales”, dice Alexis Figueroa, “mientras que los poemas de Lovecraft son principalmente descripciones de caminatas, desplazamientos a través del espacio o del tiempo. El ojo en los poemas de Lovecraft es más frío y estático. Construye fabulosas escenas, pero no deja ver mucho de él”.
Las 11 ilustraciones que integran el volumen, hechas en papel con tiralíneas, pinceles, plumones y plumas, fueron realizadas por Fabián Rivas, artista de Concepción. “Trabajamos poema por poema. La poesía de Lovecraft es poco abordada visualmente, a diferencia de su narrativa, y son interesantes de dibujar porque recrea situaciones muy atmosféricas, con pocos personajes y un observador”, dice.
Algunas de sus principales influencias son Alberto Breccia, que ilustró “Los mitos de Cthulhu” y “El corazón delator”, y Dave Mckean, ilustrador de las portadas de “Sandman”.
De esta manera, entrelazando las versiones originales en inglés y las traducciones en español con inquietantes dibujos y páginas en negro, este libro lleva a la biblioteca de los lectores una parte de las ruinas cósmicas de Lovecraft y de los cementerios victorianos de Poe, donde existen aún, débiles, las presencias extrañas que se nos aparecen a todos y que, quizás, evidencian la existencia de una realidad paralela fundamental, silenciosa y misteriosa.
Cristóbal Ríos Soto. Periodista de la Universidad de Chile. Ha publicado reportajes de investigación y crónicas periodísticas en medios como el Centro de Investigación Periodística (CIPER), Ladera Sur y El Desconcierto. Fue finalista del Premio Periodismo de Excelencia 2019, de la Universidad Alberto Hurtado, en la categoría Investigación por el reportaje «Proyectiles “bean bag”: uno de los cartuchos que dispara Carabineros no figura en su protocolo».






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