Este texto es parte del libro «No somos Beethoven. Una genealogía del punk antes del punk» del escritor chileno Emilio Ramón
“Todo hombre debe gritar. Hay una gran tarea destructiva,
negativa por hacer. Barrer, asear. La plenitud del individuo
se afirma a continuación de un estado de locura,
de locura agresiva y completa…”.
Primer Manifiesto Dadá, Tristan Tzara
La historia es conocida: en el Perú de los años 60 hubo un montón de bandas salvajes que tocaban el rock and roll a su manera —un movimiento llamado “la nueva ola”— y una de ellas se llamaba Los Saicos. Esta banda destacó por su agresividad y por sus letras extrañas, tanto que, con solo unos cuantos singles, se convirtieron en un hit local, incluyendo giras y presentaciones en televisión. Pero todo eso duró poco: unos cuantos singles más, y todo se acabó. La banda desapareció.
Décadas después, en 1999, el sello español Electro-Harmonix publicó el disco Wild Teen Punk from Perú 1965, que compilaba todos los singles grabados por la banda en los años 60. Alguien dijo que esa música —en especial una canción— era “punk”. Así, en parte de la escena de España comenzó el rumor de que en Perú, una década antes de su explosión en Nueva York y Londres, había existido una banda punk. No solo eso: que lo habían inventado. Campo fértil para esa extraña fascinación por el dato más allá de lo evidente, el rumor creció y llegó hasta Perú. Los que no conocían a la banda se subieron al tren y los fans de siempre se enteraron con sorpresa de que esos discos de la banda más salvaje de la nueva ola, en realidad, eran los que habían “inventado el punk”.

De pronto, después de más de treinta años, Los Saicos comenzaron a ser entrevistados. Al comienzo, los músicos —Erwin Flores, César Castrillón, Rolando Carpio y Pancho Guevara— se reían y rechazaban eso del punk. Pero pronto la idea comenzó a gustarles y templaron sus declaraciones. Al poco tiempo reeditaron sus canciones y volvieron a tocar en vivo. Y en sus shows no había tantas cabezas calvas o canas, sino cientos de jóvenes con camisetas de la banda, ávidos de ver en vivo a aquellos ancestros. El fenómeno llegó a tanto que, en un edificio de departamentos en el popular distrito de Lince, Lima (de donde son oriundos Los Saicos), instalaron una placa oficial que reza: “En este lugar nació el movimiento punk rock en el mundo”. Y la culpa de todo esto es de una canción: “Demolición”.
“Demolición” fue compuesta por el vocalista Erwin Flores, y fue grabada y publicada en 1965. El tema comienza con un beat de toms y caja en batería, al que se suma una guitarra tocando una sola cuerda al estilo Dick Dale, luego otra guitarra haciendo los acordes limpios de fondo, hasta que aparece el célebre grito de Flores: “ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ya-ya-ya-ya”. De aquí en adelante todo es intensidad: tres acordes, coros pegajosos y una letra que dice “echemos abajo la estación de tren”, “nos gusta volar estaciones de tren” y “demoler”. Nada más. No hay explicaciones y ni falta que hacen.
Musicalmente, “Demolición” es una canción surf con sonido garage. El riff inicial en batería y la guitarra que comienza a hacer lo suyo con el trémolo hasta que entra toda la música se puede oír en decenas de canciones de surf. La guitarra no tiene distorsión (solo mucho reverb) y la batería va en un beat típico del estilo. Los coros también van en esta línea, como en “Bird Dance Beat” de The Trashmen.
En una entrevista para el fanzine Sótano Beat, Rolando Carpio de Los Saicos dijo: “Por esa época estaba de moda el surf, Beach Boys, etcétera, entonces ‘Demolición’ algo de eso tiene, ese zumbido de guitarra al principio, eso significaba una ola”.
Por cierto, la influencia de los Trashmen en Los Saicos es evidente. Algunos dicen que es imposible que los peruanos hayan escuchado a los autores de “Surfin’ Bird”, que esa música no llegaba por acá. Error. En gran parte de América del Sur, esta banda pegó e influyó a decenas de grupos locales que los tomaron como referencia, junto a otras como The Ventures o The Shadows. De hecho, el grupo colombiano Los Speakers grabó “El golpe del pájaro”, un cover de “Bird Dance Beat” de los Trashmen, y lo editó como single en 1964, un año antes que “Demolición”. Y en el mismo Perú, la banda llamada Los Shains grabó una versión en single en 1965 del mismo tema (bajo el título “El baile del pájaro tablista”), y luego incluyeron otro cover de los Trashmen, “El baño del pájaro”, en su fenomenal primer LP de 1966.
Además, los mismos Shains grabaron para su primer LP de 1966 una canción llamada “El monstruo”, que es un cover de “The Crusher” de The Novas, lo cual desmiente también que el garage rock más oscuro no saliera de las fronteras de EE.UU. Ponle ojo a Los Shains, la primera banda peruana que metió el fuzz en sus canciones (Los Speakers lo hicieron en Colombia con un cover de “Satisfaction” de los Rolling Stones en 1965).
La versión oficial, o al menos la que ha sido más difundida, dice que el garage rock fue un fenómeno exclusivamente estadounidense, y que a lo sumo se podría sumar Canadá, y que las bandas de otros países solo tienen cierta afinidad porque tenían influencias y tecnologías parecidas. Y es cierto que las condiciones culturales, económicas y hasta geográficas que permitieron un movimiento así, se dieron solo en Estados Unidos; pero que a las bandas de otros países no podamos llamarlas garage por no haber sido parte de su contexto original, es tan absurdo como decir que un grupo australiano como The Saints no son punks porque no estaban en Londres o Nueva Yor
Y, por supuesto, nadie se llamaba a sí mismo como garage rock ni sentía que estaba siendo parte de un movimiento diferenciado del rock and roll. Esas clasificaciones vinieron mucho después de que el fenómeno se extinguiera. Pero, considerando todas estas variables, en Latinoamérica hubo varios focos de garage rock interesantes, siendo Perú el país donde se dio con más fuerza y éxito. Basta escuchar a Los Saicos, Los Yorks y a Los Shains para medir su calidad. Pero también hubo bandas importantes en México, como Los Sleepers (escucha “Zombie”, de 1961) y Los Sinners (busca “Rebelde Radioactivo”), Los Mockers de Uruguay (con una avalancha de covers a los Rolling Stones), Los Shakers en Colombia y bandas chilenas como Los Vidrios Quebrados y Los Jockers (escucha la guitarra del cover de “Satisfaction”).
Volvamos a “Demolición”. Esta canción destaca entre toda la nueva ola peruana —y he aquí por qué algunos dicen que “inventó el punk”— principalmente por dos motivos: la letra y la voz. Es surf, pero lo-fi, “a la latinoamericana”, con una voz que es más bien un ogro gruñendo, y una letra violenta, que hace un llamado a que “echemos abajo la estación de tren”, más el “tatatatayayayaya” que cumple la misma función que el “Awap bop a lup bop a wop bam boom” de Little Richard. El nombre de la banda tampoco se queda atrás. Los Saicos —del inglés psycho— no era tampoco lo que las madres de la época querían que sus hijitas escucharan.
He aquí “el punk” que los europeos vieron en Los Saicos: sonido crudo (escucharlo en vinilo es una delicia), con una voz nada de dulce y una letra que hoy puede ser leída incluso como anarquista. Claro, Los Saicos han negado cualquier intención política en la letra. Su autor, Erwin Flores, dijo a la web Rock Peruano (Rollos) que “nosotros no solo éramos apolíticos sino directamente indiferentes. En general, la música con mensaje me aburre infinitamente. Y los poetas musicales también”.
Según el crítico y musicólogo peruano Francisco Melgar Wong, dicho anarquismo “no es propio de Los Saicos”. El fenómeno de atribuirle un sentido anarquista se debe a una resignificación a partir de la reversión que hace la banda Leuzemia posteriormente. Para Melgar Wong “la rebeldía de Los Saicos es rebeldía adolescente, no rebeldía política” (68).
Leuzemia, la banda citada por Melgar Wong, es una de las puntas de lanza del punk rock de los años 80 y 90 en Perú —la llamada escena subte— y en los 90 hicieron un cover de “Demolición”, varios años antes de que los europeos la descubrieran. La versión de Leuzemia le acelera el tempo, le quita el backbeat caja-tom y el trémolo de la original, cambian el ritmo por un 4/4 y la guitarra va en quintas y con distorsión… Básicamente la transforman en una canción de Ramones.
¡Y es una bomba! “Demolición”, en manos de Leuzemia, se convierte en una canción punk en toda regla, al menos según las ideas tradicionales que tenemos de él. Sin embargo, el mítico cantante de Leuzemia, Daniel F., también autor del libro Por las olvidadas raíces del punk rock (2013), dijo a El Comercio: “Los Saicos son nuestra banda emblema y yo les tengo mucho cariño, pero eso no nos debe llevar a sostener cosas que no son. Los Saicos no son los primeros punks, y ellos mismos lo han dicho. Ellos aparecen en una época en la que el rock and roll ya había contado con bandas de música fiera, con sonido vitriólico, sucio, letras políticas y sociales”.
Y es cierto que los mismos Saicos lo han dicho. Pancho Guevara dijo a BBC News: “El punk es una onda medio rara y nosotros lo que hacíamos era rock and roll, […] Si ahora dicen que éramos punk, lo asumimos. Es algo extraño, pero bienvenido”. El cantante Erwin Flores, por otro lado, dijo el diario español El País: “El punk es ruido y no creo que sonemos así. Tenemos armonías. Nuestros temas son surrealistas, dadaístas, nada descabellados. Tanto jodían con eso del punk que en un momento dije que éramos una banda protopunk”.
Y ahí está la idea clave: el dadaísmo.
La letra de “Demolición” es puro dadá. Destrucción, locura, humor negro, repetición de un par de frases hasta el delirio, muy en la línea de “Surfin’ Bird”, pero con un componente violento (“demoler, demoler”) que en oposición a la música bailable de fondo, provoca una extraña y disfrutable contradicción.
El dadaísmo, como el punk, buscaba la destrucción como forma de construcción. Sus obras no eran monumentales ni exquisiteces para deleitarse en los museos, sino que eran pura confrontación con el arte anterior y con la moral burguesa. Sus obras eran objetos sacados de contexto (como el famoso urinario de Marcel Duchamp), collages (una técnica que el diseñador de los Sex Pistols, Jamie Reid uniría para siempre al punk), la intervención de obras totémicas (como L.H.O.O.Q. de Duchamp, donde le pone una barba a la Mona Lisa) y, sobre todo, la idea de destruir. Demoler. Incomodar.
Así lo resume Eugenio Rivera en su artículo para la web Entreletras, De dadá al punk: “Como antes había hecho el dadaísmo, [en el punk] ya no se podían utilizar flamantes representaciones para construir obras maestras sofisticadas: se trataba de cortar y pegar, mostrar la desnudez más descarnada utilizando los precarios recursos disponibles”.
En resumen: “Demolición” de Los Saicos es puro dadá y el dadá tiene una relación innegable con el punk. Pero decir que Los Saicos inventaron el punk es otra cosa muy distinta.
Pedro Cornejo, el escritor y filósofo peruano, que ha sido también ejecutivo discográfico, mánager, conductor de programas de TV y cantante del grupo “subte” Guerrilla Urbana, además de autor del libro Alta Tensión: breve historia del rock peruano (2002), dijo al diario El Comercio acerca de Los Saicos:
Lo único que puedes encontrar en común con los punks es una cierta actitud frente a la música. Eso de tocar de manera salvaje o visceral… pero eso también ha habido siempre en el rock. […] Los Saicos no inventaron la pólvora. Fueron un grupo de la puta madre. Pero de ahí a decir que inventaron el punk, a caer en la ridiculez de poner una placa, como hizo un alcalde, es una cosa que solo ocurre en el Perú.
Por supuesto que Los Saicos no inventaron el punk, en primer lugar porque al punk nadie “lo inventó”; no es una fórmula con dosis exactas que un inventor prueba hasta acertar. Ni siquiera es un círculo cerrado de contornos definidos. Como todo fenómeno artístico-cultural-social y hasta comercial, el punk es una larga cadena de influencias y residuos que, dependiendo de quien lo mire, desemboca en un punto u otro, en un sonido o una cierta actitud. O mejor, en una mezcla de todo aquello. “Demolición” es una canción en la que, varios años antes de que el punk existiera, podemos encontrar elementos, sobre todo en su letra dadá, que pueden ser releídas hoy desde el punk. Repito: releídas hoy desde nuestros oídos voraces que ya conocen los alcances de la palabrita en cuestión.
La canción es también muy adecuada para ser hecha por bandas punk de hoy —hasta The Offspring la ha tocado—, repetitiva, bailable y salvaje al mismo tiempo. Una joyita del garage peruano, desfachatada y con altas dosis de lo-fi, ideal para hacer retumbar las paredes de las fiestas a go-go, además de una excelente puerta de entrada a las bandas de garage peruanas y de países cercanos, como Colombia, que hacían esta música casi al mismo tiempo que sus tierras de origen.
Pero todo esto de que inventaron el punk huele más a esnobismo paternalista y a nacionalismo que a una intención verdadera de reivindicar a una de las bandas latinoamericanas más atrevidas de los 60.

- Emilio Ramón (Santiago de Chile, 1984) es profesor de Literatura, escritor, editor y candidato a Doctor en Literatura. Ha publicado libros de narrativa y música en Chile, Argentina y México, entre ellos los libros de relatos Noches en la ciudad (2017), De qué hablamos cuando hablamos de apocalipsis (2024) y la novela Los muertos no escriben (2022). Por el lado de la escritura musical, es autor del libro No somos Beethoven. Una genealogía del punk antes del punk, de Ramones en 32 canciones (2024) y coautor de Disco punk. Veinte postales de una discografía local (2020), además de colaborador para distintos medios impresos y digitales.






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