Por Martín Sepúlveda

A veces la música ocurre a oscuras. No me refiero a la penumbra de un club de jazz, sino a la negrura absoluta de un apagón masivo que paraliza una ciudad entera. Sucedió el año pasado, cuando Dana Colley y sus Vapors of Morphine se disponían a tocar y la luz abandonó a gran parte del país. Pero el saxofonista, ese hombre que ayudó a definir el sonido del «low rock» en los noventa, no se detuvo: gracias a un generador y a la infinita obstinación del arte, el show siguió para un puñado de valientes que lograron llegar entre calles sin semáforos y multitudes confundidas. «Fue un momento muy, muy confuso», recuerda Dana sobre aquel concierto que ahora, en su regreso a Santiago, se siente como una deuda pendiente que viene a saldar.

Martín Sepúlveda: Estuve en la calle ese día y fue un caos. Mucha gente no pudo llegar porque pensaron que, sin luz en todo el país, el show se cancelaría. Esta fecha en el Teatro Nescafé se siente como un «do-over». ¿Sientes que hay un sentido de «completitud» al hacer este show ahora o es solo una parada más en el tour?

Dana Colley: Bueno, primero tenemos que completarlo para tener realmente esa sensación. Pero sí, estamos ansiosos por volver porque sé que hubo mucha confusión, gente preguntando cómo recuperar su dinero y nosotros no tenemos control sobre eso, es cosa de los promotores. Haremos nuestra parte simplemente apareciendo y regresando, porque de verdad queríamos darles a quienes no pudieron ir una oportunidad de ver el show. El concierto pasado estuvo bien para los que llegaron, pero solo puedo imaginar lo que sería tener ese teatro lleno de gente.

MS: Hablando de seguir adelante, hay algo que siempre surge al hablar de ustedes. La banda se juntó diez años después de que Mark Sandman partiera. ¿Por qué llamarse Vapors of Morphine o «Members of Morphine» y no simplemente Morphine? Bandas como Queen lo hicieron, ¿por qué ustedes no?

DC: ¿Por qué crees tú?. Yo creo que es porque no es lo mismo. Una banda sin una parte muy importante no es la misma cosa, y tienes que reconocer eso de alguna manera. Esa parte importante era Mark, por supuesto, y también perdimos a Billy Conway, hace unos pocos años. Es significativo reconocer el hecho de que Morphine nunca volverá a ser. No habrá un Morphine. Esto es una continuación, es una evolución y un honor, pero no es una banda de covers; es la evolución de los músicos que estamos aquí involucrados.

MS: Tú eres el único miembro fundador que queda. ¿Sientes que tu carrera hoy se trata de preservar ese legado o sientes que estás rompiendo suelo nuevo?

DC: No lo sé, no le doy realmente muchas vueltas. Solo quiero seguir tocando y representar la música en cuya creación estuve involucrado, porque siento que fue una parte significativa de mi vida. Para mí se trata de tener un vehículo para seguir tocando y llevarlo a algún lugar. No pienso en cuál es nuestro propósito o qué gran declaración estamos tratando de hacer. Es solo una banda que quiere tocar música, tres tipos que disfrutan de la compañía del otro y tienen la suerte de viajar por el mundo haciendo esto.

MS: Hablando de esa creatividad, hoy tenemos herramientas tecnológicas infinitas. Uno pensaría que eso da más libertad, pero a veces parece que la música se vuelve menos creativa o se limita a fórmulas. ¿Cómo ves el proceso creativo en esta era «hiper-tecnológica»?

DC: No lo sé… creo que siempre hay olas y tendencias, donde el arte refleja la cultura y luego hay una reacción a eso. Cuando algo se vuelve popular, siempre hay un «underground» que reacciona. Creo que pasan muchas cosas creativas, pero probablemente están más bajo la superficie que lo que vemos en la arena popular. Es difícil generalizar. La música siempre está cambiando y la gente intenta cosas nuevas. A veces capta la atención del oyente y otras es algo más subversivo o difícil de identificar

MS: Y sobre eso, está el «elefante en la habitación»: la Inteligencia Artificial. Como músico que ha roto reglas usando el saxo de formas impensadas, ¿qué opinas de que la IA pueda «computar» la creatividad?

DC: No tengo ningún interés en eso. Un amigo me tocó una canción que había creado completamente con IA y sonaba «completa y maravillosa», e inmediatamente la odié. No pude ni escucharla. No me interesa en absoluto. Lo que hace poderosa a una canción o a la poesía es la fuente de la condición humana, la experiencia humana que se transmite con una palabra o una imagen. Podemos intentar computar esa experiencia, pero la fuente de la IA no tiene humanidad, por lo tanto, no tiene un significado real. No importa qué tan intelectualmente perfecta sea, es simplemente un vacío.

MS: Has mencionado que la experimentación es clave para ti. En un mundo que hoy parece buscar el «hit» inmediato y las fórmulas, ¿dónde queda ese proceso de probar y fallar?

DC: La experimentación es un componente clave de por qué hacemos lo que hacemos y es lo que me mantiene interesado. Experimentar implica que intentas algo y no siempre funciona. A veces los experimentos fallan y aprendemos más de la falla de lo que aprenderíamos del éxito. Puedes pasar todo el día trabajando en una idea para una canción y, al final, darte cuenta de que no funciona. Para algunos eso es frustración, pero a mí me encanta cuando pasa, porque significa que pude explorar algo y ver todas las posibilidades. Tienes que estar dispuesto a descartar incluso tu idea favorita si no funciona. Como escritor, eso es algo que estoy seguro de que haces todo el tiempo, ¿verdad?

MS: Pero el escritor suele trabajar de forma solitaria, hasta que llega al editor. En la música, ustedes son un equipo durante el proceso. ¿Cómo cambia esa experimentación cuando hay otras visiones involucradas?

DC: Hay diferentes escenarios. Si estoy grabando algo solo para alguien más, es un proceso muy solitario e individual. Pero si estamos trabajando como banda, entonces hay una combinación de los elementos de los tres que dictará la dirección. La música tiene su propia demanda como un todo y tú tienes que encontrar dónde encajas en eso para que funcione. Son dos procesos distintos.

MS: Hablando de la banda, están de gira por Latinoamérica ahora, ¿cómo funciona el proceso creativo del grupo en ese contexto?

DC: En una gira nos apoyamos en las canciones que hemos tocado cientos de veces, pero claro que en cada tema hay un espacio y un momento en el que puedes experimentar y que la creatividad aparezca. La idea es volver a casa a poder trabajar en algo nuevo, aunque no lo hacemos tan seguido como quisiéramos… Cada uno tiene su vida aparte ¿sabes?

MS: Y en esos momentos creativos durante una gira, ¿Hay algo de cada cultura local que permea a su música?

DC: Seguro. Te sumerges en una cultura que no es la tuya y es agradable escapar de tu rutina diaria. Siento que estoy observando todo el tiempo, siempre observando. Como no hablo español, a veces me siento muy aislado; puedes estar en una habitación llena de gente hablando y estás solo porque no captas el lenguaje. Es una observación desde lejos. Terminas entendiendo un poco de cómo funcionan las distintas culturas, las ciudades. En general pasamos poco tiempo en cada país, pero como los visitas varias veces, terminas aprendiendo cosas sobre cada uno y su forma de vida.

MS: Para cerrar, ¿hay entre todo lo que está pasando hoy en día, y todas las culturas con las que se encuentran, alguna banda o movimiento que te parezca particularmente interesante?

DC: Probablemente no soy la persona adecuada para preguntar, no tengo el dedo en el pulso de lo que pasa ahora; suelo ir hacia atrás en el tiempo. Escucho mucha música vieja. Los Glass Beams son interesantes, grupos que encarnan ese sonido del jazz etíope. Es una música hermosa, vigorizante e inspiradora. Me encantan los bronces, todo ese sonido es muy inspirador. Parece haber un redescubrimiento cíclico de esos sonidos africanos y es maravilloso.

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