Entrevista por Martín Sepúlveda B.
Durante años, Gabriela Arcos pareció moverse entre varias versiones posibles de sí misma: la joven promesa salida de la televisión, la artista indie en búsqueda de un sonido, la compositora pop con instinto confesional, la figura naturalmente carismática que hace del humor parte de su identidad pública.
Pero Atte., su nuevo disco, suena distinto. Menos como una declaración hacia afuera y más como correspondencia privada encontrada por accidente. Concebido como una serie de cartas escritas desde conversaciones truncas, el álbum abandona cualquier ansiedad performática para instalarse en un territorio más íntimo, donde el folk, el indie pop y la escritura aparecen como refugio más que como estrategia.
Conversamos con Gabriela sobre el peso de haber sido “promesa”, el espejismo de la viralidad, la relación entre literatura y canción, Taylor Swift, Bob Dylan y el momento en que entendió que no tenía sentido seguir intentando ser alguien que no era.
Has comentado que este LP es más bien una colección de cartas, un formato que tiene algo antiguo, casi romántico… en una época de mensajes instantáneos. ¿Te interesaba justamente esa lentitud, esa idea de pensar antes de decir?
No lo veía tanto de esa forma, creo que es más una dificultad a decir. Aunque sí me conocen por no pensar antes de hablar. Al no poder decir o tener cerrados los canales de comunicación habituales, claro, terminé con todos estos pensamientos e historias bien pensadas y menos reactivas que se pueden leer como cartas sin destinatario. Creo que sí es algo que me gustaría ser por naturaleza, lamentablemente soy Aries.
La firma del disco es clara: “Atte”, Gabriela Arcos. ¿Quién o quiénes podrían ser los receptores de estas cartas?
A quién le quede el poncho. No son muchas personas, más bien una.
En “Quién llama a esta hora” (2023) se nota un espíritu más juguetón y desordenado, quizás algo más pop rock. En las canciones de “Atte.” hay una sensación de aterrizaje, una contemplación que se configura mejor en el indie pop y el folk. ¿Cómo se combina el crecimiento musical con la autobiografía en ese cambio?
Luego de mi primer EP me empecé a meter en la escena indie e ir a tocatas en las que se me hacía demasiado fácil perderme en esta ilusión de ser una rockstar con guitarra electrica, niños mosheando en el público, que cantaran mis canciones con voz de estadio y ser reconocida entre mis pares como un referente. Quise imitar la forma en que hacían música, quería ser como Flores Alegría o como la Chini pero creo que se nota mucho, en mi caso, donde está el alma. Incluso queriendo ser rockera, terminaba con baladas románticas pero con guitarras demasiado fuertes para mi voz.
Después de lanzar mi primer disco, me vi entre el público de Candelabro en el festival Sourpop en Conce sintiéndome fuera de lugar. Sus fans eran tan apasionados que el vocalista tuvo que parar el show y pedirles que dieran un paso atrás. No había punto en común con lo que estaba haciendo y lo que quería ser. En ese sentido, Candelabro, por ejemplo, tiene una propuesta narrativa sonora como literaria a un nivel que no me puedo ver alcanzando hoy. Completamente letrados en texto y sonido; yo solo tengo el texto. Ese día me acordé que cuando empecé a hacer música, mi mayor meta era poder gustarle a jóvenes y abuelitas, hacer canciones que fueran digeribles y con alma, que una señora en su casa pensara que soy dije. Así que, con este disco traté de volver a lo que tengo en la médula y terminé con estas canciones sin prejuicios de mi parte, entregándome completa hasta a canciones un poco adolecentes. Canciones que salieron desde la guata, como tiene que ser para mí.

Mientras estudiabas Literatura, Bob Dylan ganó el tan discutido Nobel, y hoy lo mencionas como una referencia para tus composiciones musicales. ¿Cómo ves el cruce entre música y literatura? ¿Hay un punto en el que la poesía y la canción son una sola?
Si y no. Creo que es ilusorio creer que quien escribe canciones puede escribir poesía buena solo por el hecho de escribir en verso. De la misma forma que un buen cuentista no necesariamente será un buen novelista. Yo por ejemplo, salí a penas de los cursos de poesía y siempre me ha costado entenderla. Sí pienso que una canción y un repertorio tan grande como el de Bob Dylan pueda ser considerado como literatura, no necesariamente poesía. Taylor Swift por ejemplo, doctora honoraria en bellas artes de la NYU, escribe pésimos poemas. De todas formas, creo que la literatura es intrínseca para hacer canciones. Aún no conozco un buen letrista que no lea.
Fuiste finalista en The Voice “el regreso” y estuviste nominada a los Premios Pulsar muy al inicio de tu carrera. ¿Cómo recibiste en ese momento la visibilidad y el peso de la “joven promesa”, y cómo la ves ahora que ya te estás instalando como una figura relevante en la escena indie chilena?
Al principio había un poco de toxicidad en la relación que tenía con esa joven promesa, sobre todo cuando las luces se apagaron y el tiempo pasó. Yo creo que le debe pasar mucho a los que realmente estuvieron en la tele y compitiendo en el The Voice de verdad, que después uno queda con la sensación de “y ahora cómo vuelvo a alcanzar ese peak”. Ahora mirándolo en retrospectiva, cuando pienso eso también tengo que recordar que todo ese “éxito” no significó más venta de entradas por ejemplo, solo viralidad. Ahora que está tan de moda el querer ser viral y subir tiktoks todos los días para poder surgir en la música, creo que me hizo bien haber tenido una probada de eso y darme cuenta que para mí no es lo más importante. Hay un consejo que le dio William Burroughs a Patti Smith que siempre llevo conmigo: “Forja una buena reputación. Mantén tu nombre impecable. No hagas concesiones, no te preocupes por ganar mucho dinero ni por el éxito; concéntrate en hacer un buen trabajo, tomar las decisiones correctas y proteger tu obra. Y si construyes un buen nombre, con el tiempo, ese nombre se convertirá en tu propia moneda de cambio.”
En Chile a veces se encasilla muy rápido a los artistas desde un primer momento viral o televisivo. ¿Has sentido que has tenido que desmontar una imagen que otros construyeron de ti?
Era un miedo que mis pares me miraran en menos por meterme en la tele, pero no fue así. Muy egocéntrico de mi parte creer que 1. se iban a enterar y 2. les iba a importar. Nunca he sentido que tengo que demostrar algo, porque al mismo tiempo que tenía estos 15 minutos de fama, ya tenía mi música y ya estaba siendo reconocida por lo más cercano que tenemos a la “academia”. De todas formas, creo que es algo muy mío tener estos momentos de seriedad mientras hago de payaso.
Tu carrera ha avanzado en una escena indie chilena donde muchas artistas están construyendo proyectos muy personales, pero donde también existe presión por ser visibles, producir contenido y sostener una narrativa constante. ¿Cómo negocias con esa exigencia sin que contamine la creación?
Creo que depende solo de lo que uno quiere en la vida. ¿Quieres ser famoso ahora ya? tienes que hacer esos videos, no hay de otra. Hay formas de hacerlo igual y hay maneras de mantenerse fiel a uno mismo. No tiene por qué ser un baile hot de 1 minuto si no quieres hacerlo. Yo hago lo que se me da la gana porque crecí viendo youtubers, soñaba con hacer videos de maquillaje, de ropa y cantando, así que eso hago. No es viral y puede que al algoritmo no le guste, pero a mi no me importa. Pero si lo que quieren es fama y dinero, hay que jugar el juego.
Abriste recientemente para The Pretenders, y vienes de una trayectoria donde has compartido espacio con artistas muy distintos. ¿Qué cosas te ha enseñado mirar de cerca a músicos con más recorrido sobre el tipo de carrera que quieres construir?
Se que quiero ser siempre amable, se que quiero mantener para siempre mi cercanía con la gente de seguridad, con las personas del aseo y los que me dan comida. Quiero poder mantenerme siempre al tanto de la música chilena para que el día de mañana, cuando esté consolidada, pueda saludar a otros proyectos sabiendo en qué están. Quiero estar siempre cerca de mi familia y mis amigas de la vida. Todo eso siempre se traduce sobre el escenario.
Te has declarado abiertamente muy fan de Taylor Swift. Creo que hay “eras” marcadas en tu música tal como en la de ella. ¿Qué es lo que está definiendo tu “Era Atte.”?
Blanco, escribir, encaje, foto analoga, paz, ambición, pelo cobre, volver a la raíz y ya nada es igual.
Martín Sepúlveda B.







Deja un comentario