Cuatro décadas después de comenzar su recorrido musical, Carlos Cabezas prepara el lanzamiento de Mil Cabezas En Vivo, un vinilo doble que registra el concierto realizado en el Teatro Municipal de Santiago para celebrar sus cuarenta años de carrera. La edición, acompañada por fotografías de las presentaciones en Santiago, Valparaíso y Concepción, es también una excusa para mirar un camino que nunca se ha detenido. En esta conversación, el músico reflexiona sobre Electrodomésticos, la experimentación y esa curiosidad que sigue siendo el centro de su trabajo.
Por Martín Sepúlveda B.

Un disco en vivo siempre tiene algo de balance, de detenerse a mirar el camino recorrido. ¿Qué sentiste que valía la pena capturar de Electrodomésticos y de tu carrera solista en este momento específico y no hace diez o veinte años?
Creo que lo que aparece con el tiempo es el valor de mantener siempre la curiosidad activa, el instinto de exploración de distintos lenguajes musicales, de ampliar la idea de lo que puede ser tu identidad musical a toda tu experiencia de vida. Muy importante también lo que significa el trabajo colectivo, el valor de las distintas miradas, oídos en este caso, en la expresión musical.
¿Este vinilo mira hacia atrás o sigue formando parte de una búsqueda que todavía está en movimiento?
En general hay una distancia con la melancolía, con la nostalgia, miramos para adelante siempre, por lo mismo se aprecia la oportunidad, un tanto sorpresiva, de sentir cierta perspectiva en el trabajo, poder llegar a entender que detrás de esta especie de desorden de lenguajes y espacios musicales hay un cierto eje, una identidad básica.
Cuando escuchas estas grabaciones, ¿escuchas continuidad o escuchas distintas versiones de ti mismo coexistiendo en una misma banda?
Se siente una cierta continuidad en aspectos permanentes como la curiosidad, el juego, la exploración sonora.
Da la impresión de que Electrodomésticos es una banda cuya importancia ha crecido con los años. ¿Sientes que hoy existe una comprensión distinta de lo que ustedes estaban intentando hacer en los ochenta?
Puede ser que los tiempos que vivimos ahora contrastan cada vez más con esos tiempos de los 80, las posibilidades para la expresión musical hoy son muy distintas a esa época. El contexto social de esa época se ve con otra perspectiva además. Desde ahí quizás se valore de otra manera nuestro trabajo.
Las bandas de culto suelen vivir una contradicción extraña: influyen a muchísimos músicos sin necesariamente convertirse en fenómenos masivos. ¿Cómo ha sido convivir con ese lugar durante décadas?
Nuestra experiencia en la vida musical nunca se basó en la esperanza de reconocimiento masivo, buscábamos un lenguaje propio, distinto. En general, en nuestro país ha costado mucho reconocer el valor de lo que hacen nuestros músicos, ahora eso está cambiando pero cuando partimos sabíamos que lo que hacíamos estaba fuera de los códigos masivos, era algo que de hecho buscábamos. De alguna manera estar cómodo fuera de lo masivo también tiene aspectos positivos, por lo menos protege la honestidad del trabajo.
¿Existe el riesgo de que la etiqueta de “banda fundamental” termine congelando una obra que originalmente estaba hecha para incomodar?
¡¡¡Espero que nuestro trabajo flote sobre el etiquetismo actual!!
Muchas bandas jóvenes citan a Electrodomésticos como influencia. ¿Qué te llama la atención de las nuevas generaciones que están haciendo música hoy?
Hay ciertas propuestas musicales que muestran un cruce interesante entre destrezas académicas/instrumentales, juego, energía juvenil y letras que expresan las preocupaciones existenciales de estas nuevas generaciones, valores, rabias, desesperanzas, etc. Música que conecta bien a estas generaciones…
Hay músicos que intentan escapar de su legado y otros que aprenden a convivir con él. ¿En qué lugar te encuentras hoy?
Realmente no hay una preocupación personal por el legado, es algo que no incide en el espacio del trabajo creativo que es lo que vitaliza la existencia y es lo que uno más cuida.
Gran parte de tu carrera ha estado marcada por la experimentación, por la búsqueda de sonidos nuevos y por cierta incomodidad frente a las fórmulas. Después de tantos años, ¿sigues sintiendo curiosidad o la curiosidad es justamente lo único que no ha cambiado?
La curiosidad, el juego, la energía, la sorpresa son los aspectos que permanecen como fundamentales para la expresión artística, para el trabajo musical.



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