En La mayor protesta es el amor, el autor argentino Norberto Alfaro reconstruye la historia de la banda Fun People a partir de testimonios, archivos y recuerdos de quienes formaron parte de su entorno. La nueva edición chilena (Santiago-Ander, 2026) amplía esa mirada con voces desde el interior del grupo y permite volver sobre una escena donde el hardcore punk se cruzó con el DIY, el activismo, la diversidad sexual, los derechos humanos y nuevas formas de comunidad.

Por Emilio Vilches Pino

¿En qué momento te diste cuenta de que la historia de Fun People daba para un libro y qué sentías que faltaba contar sobre la banda?

Al poco tiempo que la banda dejó de tocar me di cuenta que había dejado algo más que canciones, y siempre rondaba en mi cabeza la idea de hacer algo periodístico al respecto. De hecho, comenzó con entrevistas audiovisuales para un documental. Con el tiempo, y más allá de que la logística se complicaba, también me di cuenta que esa historia a contar debía estar en un libro, papel y tinta, y no colgado en un canal de youtube dentro de la gran nube virtual.

Al mismo tiempo, en Argentina comenzaron a aparecer registros y trabajos de reconstrucción sobre la historia del punk y el hardcore. Eso reforzó aún más la idea, porque no podía faltar algo sobre Fun People. Fue una banda fundamental de la contracultura y la escena independiente.

Elegiste reconstruir esa historia a través de muchas voces, y no mediante una biografía tradicional. ¿Por qué optaste por ese formato y cómo seleccionaste a los entrevistados?

Tiene que ver un poco con la respuesta anterior. Fun People fue una banda que estaba todo el tiempo cuestionando a su público, hablando sobre temas que otras bandas no hablaban, tocando en lugares por fuera del circuito del rock, federalizando su propuesta de manera real, y en simultáneo con el ascenso de cierta popularidad. Eso generó identificación en su público, y un legado que pude verlo y escucharlo con el tiempo, tanto en aquellos que lo vivimos como en las nuevas generaciones que llegaron a su obra a través de los discos. Por eso, siempre me interesó mostrar qué pasaba desde el escenario hacia afuera y no caer en una biografía.

En cuanto a los entrevistados, fui eligiendo a aquellas personas que formaron parte de su crew, como fotógrafos, stages, managers o antimanagers, gente que se vinculó con ellos ya sea musicalmente como de manera activa a través de organizaciones. Y también personas que conocía sobre su gusto por la banda, y que a través de distintos proyectos artísticos pusieron en marcha esa suerte de ideología heredada. 

En esta edición aparecen nuevos testimonios, archivos y también un acercamiento con Lucas Sequeira después de la primera edición. ¿Cómo fue cambiando el libro desde su primera versión hasta llegar a esta?

La verdad que lo que pasó con el libro fue increíble. No solo Lucas Sequeira se acercó, también lo hicieron Gori y Chuly, quienes sumaron sus voces desde adentro para la segunda edición argentina y la edición de Santiago-Ander. La actitud de los músicos en un principio la entendía. La historia entre ellos no había terminado muy bien. Pero con el tiempo se dieron cuenta de que el libro estaba enfocado en ese lado B del grupo, y no en cuestiones internas. Además, el libro permitió rastrear y encontrar material de archivo inédito, tanto en fotos como en video, y lo pudimos compartir a través de mi canal de YouTube o en la cuenta de Instagram del libro.

Volviendo a cómo fue cambiando el libro desde su primera edición, la segunda edición argentina y la edición actual chilena rompen con la primera, en donde no había testimonios desde adentro de la banda. Después de realizar las entrevistas, me di cuenta que tenían un valor muy importante para entender por qué sucedieron ciertas cosas. Y en el caso de la edición de Santiago-Ander, también sumamos el testimonio de Susana Díaz, a quien considero una persona indispensable en la reconstrucción histórica de la escena hardcore punk chilena en los 90.

Al conversar con tantas personas que vivieron la historia desde lugares distintos, ¿te encontraste con recuerdos contradictorios sobre Fun People? ¿Cómo trabajaste esas diferencias a la hora de reconstruir el pasado?

La mayoría de los testimonios mantienen una línea de sentido, no hubo tantas contradicciones. Lo que sí costó bastante fue rearmar el rompecabezas del tiempo y dar con fechas exactas. La memoria en este sentido fue bastante frágil, en el marco de una banda que duró cinco o seis años (depende de dónde tomes el inicio y el final), pero que tocó muchísimo en vivo, con giras nacionales e internacionales, además de editar varios casetes, cds y vinilos en ese lapso.

El libro muestra que Fun People fue mucho más que una banda: aparecen los fanzines, el DIY, los derechos humanos, el vegetarianismo, la diversidad sexual, el aborto y distintas formas de activismo. ¿Hasta qué punto terminaste escribiendo también la historia de una generación y de una escena?

Creo que el libro también deja registro de eso que decís. Una generación que tomó posición con respecto a ciertos temas que después formaron parte de la agenda social y del Estado. Y que lo hicieron a través de acciones directas y marchas, con un sonido de fondo que era el hardcore punk. Y Fun People fue parte de esa escena musical y activa, con la particularidad de ser los más populares en un género que muy pocas veces puede contar con ese adjetivo.

De alguna manera, Fun People simboliza ese espíritu rebelde; y como dijo Tomás Spicolli, artista encargado de la estética de la banda, el grupo funcionó como un catalizador de inquietudes juveniles de la época.

El título, La mayor protesta es el amor, parece condensar una de las grandes particularidades de Fun People: combinar rabia y protesta con sensibilidad, afecto y comunidad. ¿Por qué elegiste esa frase para titular el libro?

La frase se la debo a Penny Rimbaud de Crass. En 2016, visitó Argentina y formó parte de una charla en el Salón Pueyrredón, donde tuvimos la oportunidad de hacerle algunas preguntas. Entre la respuesta que me dio, soltó esa frase, enseguida la anoté y pensé que era un buen título para el libro por condensar en pocas palabras el concepto del grupo. Además, Crass fue una influencia directa para Fun People desde su lírica y desde las formas de llevar a cabo un proyecto cultural. Creo que hubo un solo título alternativo como opción, pero finalmente quedó este.

  • Norberto Alfaro

Hay una tendencia a idealizar las escenas underground del pasado. Después de investigar tanto sobre Fun People y el hardcore de los noventa, ¿qué contradicciones o aspectos menos idealizables encontraste en esa escena?

Coincido, y es un gran error idealizar. Las escenas se construyen a través del accionar de las personas, y son esas mismas las que conviven con sus idas y vueltas y sus propias contradicciones. En este caso, aquella escena de los 90 estaba formada por chicos que no pasaban los 20 años, y ellos mismos estaban forjando su personalidad. Por eso, hasta es natural que con el tiempo ciertas personas hayan cambiado el rumbo de sus ideales. 

Hay algo interesante que tiene que ver con esa escena y la irrupción de Fun People. El hardcore argentino hablaba de igualdad pero la mayoría de su público eran varones. Y no era que las chicas no se acercaran porque no les gustaba la música, en realidad nunca hubo una propuesta real de ampliar ese mundo. Sólo se quedaron en las letras.

Con Fun People fue diferente, porque no solo sus canciones involucraron a la mujer y cuestionaban al “macho”, sino que en vivo la banda invitaba a las mujeres a que se acerquen al escenario y que no estén al costado sosteniendo la ropa o la mochila de los amigos o los novios. Fun People las hizo parte con hechos.

Han pasado más de treinta años desde el surgimiento de Fun People. Después de terminar este libro, ¿qué crees que permanece realmente vigente de la banda y qué pertenece inevitablemente al contexto de los años noventa?

Lo vigente es su legado cultural, político y social. En ese sentido, la banda es inoxidable.

Los 90 fueron únicos (para bien y para mal), y más allá de que hoy en Argentina vivimos un período muy parecido desde lo político, en aquel tiempo las cosas eran más terrenales, directas, con la calle a flor de piel. Hoy, el mundo está hiperdigitalizado y dejamos de ver que el mundo real sigue ahí afuera, desde lo tangible. Nos han ganado la batalla y cada vez estamos más deshumanizados. De esta manera, lo colectivo que sí existió en otros tiempos, hoy pierde fuerza.

Finalmente, ¿cómo ha sido la recepción del libro en Chile? ¿Muy diferente a la de Argentina?

Lo veo muy parecido a lo que fue el lanzamiento del libro acá, allá por el 2022. De hecho, Chile fue uno de los países donde mayor interés mostraron por tenerlo, y por cuestiones de logística y envío, muy pocas copias fueron para allá.

Hoy, con la edición de Santiago-Ander, ese público puede tenerlo al alcance de la mano, y ya comenzó a enviar comentarios del mismo, siempre agradeciendo y recordando el valor de Fun People en sus vidas. Estoy muy feliz por esta edición.

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